17 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Conexión vital con el Dios vivo

«En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios». 1 Corintios 3: 9, NVI

Dependemos por completo del Dios viviente. Cuando hay una conexión vital con el Dios vivo, Cristo mora en el corazón mediante una fe viva, y el instrumento humano obra en armonía con la vida de Cristo. El cambiará nuestra vida y carácter de tal manera que hablemos las palabras de Cristo y reflejemos su carácter. Y si nos sobrevienen pruebas, no manifestaremos un espíritu rebelde. Las pruebas se nos presentarán cuando veamos opresión y aspereza, y cuando se coloquen sobre nosotros cargas que consideramos injustas y nos sintamos tentados a permitir que sobresalga nuestro ego.

Dejamos que nuestro ego nos domine, cuando lo que debemos hacer es colocar las pruebas en el lugar que les corresponde. ¿Y cuál es ese lugar? Cristo dice a todo el que se siente cargado y cansado: «Venid a mí». ¿Para qué? «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mat. 11: 28, 29). A pesar de lo abrumador del conflicto a través del cual tengamos que pasar, si aceptamos la verdad de origen celestial, habrá mansedumbre y humildad en todo lo que hagamos. Escondámonos en Cristo Jesús. Nuestra vida y carácter deben quedar eclipsados por Cristo en Dios (Col. 3: 3), por lo tanto no podemos permitimos que ningún impulso instintivo controle nuestras palabras ni nuestras acciones. Por el contrario, hemos de tener siempre presente el ejemplo del Salvador y hacer justamente lo que Jesús habría hecho en similares circunstancias. No seamos vengativos.

Necesitamos comprender claramente la misión que nos ha sido encomendada. Es una obra de misericordia, una obra de amor, una obra semejante a la de Cristo. […] Él dice que un hombre rico partió lejos y a cada uno le dio una tarea (ver Mat. 25: 14-30; Luc. 19:12-28). Es necesario que el instrumento humano coopere con el divino. A cada uno se nos ha encomendado una misión: la de Cristo. No es una obra humana. Nadie debe sentir que todo lo que tiene que hacer es atenderse a sí mismo. Por supuesto que no. Hay un vasto campo de labor. Todos deben estar en acción «hasta que yo vuelva» (Luc. 19:13, NVI). ¿Ocuparse en qué? En colaborar con Dios. Por lo tanto, es de máxima importancia que comprendamos claramente qué significa ser «colaboradores al servicio de Dios» (1 Cor. 3: 9, NVI).

Hemos de saturamos del Espíritu de Cristo. No hemos de colaborar con Dios apoyándonos únicamente en nuestra inteligencia y nuestra educación. No podemos adquirir la gracia de Dios con dinero; tampoco podemos adquirirla con la elocuencia, ni con el poder de nuestro intelecto; todo es de Dios. […] Hemos de servir usando toda nuestra capacidad intelectual y un gran sentido de la responsabilidad, haciendo que la luz brille a través de nosotros sobre los que nos rodean; y al hacerlo estaremos haciendo la obra de Dios.— Manuscrito 11, 17 de febrero de 1894; «Isaías 58».

========================

DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

COMPARTIR
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*