17 de agosto | Devocional: Dios nos cuida | Un poder vivificador y purificante

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmos 51:10.

El Señor purifica el corazón de la misma manera como nosotros ventilamos una habitación. No cerramos las puertas y las ventanas e introducimos alguna sustancia purificadora en ella; sino que la abrimos ampliamente y dejamos que entre la atmósfera purificadora del cielo… Las ventanas del impulso, del sentimiento, deben abrirse hacia el cielo, y el polvo del egoísmo y de lo terreno debe ser expulsado. La gracia de Dios debe invadir las cámaras de la mente, la imaginación debe contemplar temas celestiales, y todo factor de la naturaleza debe ser purificado y vitalizado por el Espíritu de Dios.

El que vive conforme a los principios de la religión bíblica, no será hallado débil en poder moral. Bajo la influencia ennoblecedora del Espíritu Santo, los gustos e inclinaciones se volverán puros y santos. Nada se posesiona tan fuertemente de los afectos, nada penetra tan hondamente en los motivos más profundos de la acción, nada ejerce tan potente influencia sobre la vida, ni da tan grande firmeza y estabilidad al carácter como la religión de Cristo. Impulsa a su seguidor siempre hacia arriba, inspirándole nobles propósitos, enseñándole dignidad de porte e impartiendo conveniente dignidad a toda acción.

La iglesia es el objeto del más tierno amor y cuidado de Dios. Si los miembros se lo permiten, revelará su carácter por medio de ellos. El les dice: “Vosotros sois la luz del mundo”. Mateo 5:14. Los que caminan y conversan con Dios practican la mansedumbre de Cristo. En sus vidas, la paciencia, la mansedumbre y el dominio propio están unidos al santo fervor y a la diligencia. A medida que avanzan hacia el cielo, se borran los rasgos duros de su carácter y se deja ver la santidad. El Santo Espíritu, lleno de gracia y poder, obra en la mente y el corazón.

El corazón en el cual Cristo hace su morada será vivificado, purificado, guiado y gobernado por el Espíritu Santo, y el agente humano hará enérgicos esfuerzos para poner su carácter en armonía con Dios. Evitará todo lo que sea  contrario a la voluntad revelada y a la opinión de Dios.

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DEVOCIONAL: DIOS NOS CUIDA

Elena G. de White

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