17 de agosto | Devocional: Conflicto y Valor | Blancos como la nieve

Isaías 6:1-10.

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Isaías 57:15.

En la visión que recibió Isaías en el atrio del templo, se le presentó claramente el carácter del Dios de Israel. Se le había aparecido en gran majestad “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo”; sin embargo se le hizo comprender la naturaleza compasiva de su Señor…

Al contemplar a su Dios, el profeta… recibió no sólo una visión de su propia indignidad, sino que penetró en su corazón humillado la seguridad de un perdón completo y gratuito, y se levantó transformado. Había visto a su Señor. Había obtenido una vislumbre de la hermosura del carácter divino. Podía atestiguar la transformación que se realizó en él por la contemplación del amor infinito. Se sintió inspirado desde entonces por el deseo ardiente de ver al errante Israel libertado de la carga y penalidad del pecado. Preguntó el profeta: “¿Para qué habéis de ser castigados aún?” “Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien”. Isaías 1:5, 18, 16, 17. El Señor a quien aseveraban servir, pero cuyo carácter no habían comprendido, les fue presentado como el gran Médico de la enfermedad espiritual…

El corazón lleno de amor infinito se conduele de aquellos que se sienten imposibilitados para librarse de las trampas de Satanás; y les ofrece misericordiosamente fortalecerlos a fin de que puedan vivir para él. Les dice: “No ternas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”…

¿Escogiste tú, lector, tu propio camino? ¿Te has extraviado lejos de Dios? ¿Has procurado alimentarte con los frutos de la transgresión tan sólo para hallar que se tornan cenizas en tus labios?… Vuelve a la casa de tu Padre. Él te invita diciendo: “Tórnate a mí, porque yo te redimí”. “Venid a mí; oíd y vivirá vuestra  alma…” Isaías 44:22; 55:3; La Historia de Profetas y Reyes, 233-236.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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