17 de agosto 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Roberto E. Lee

 

Un siervo del Señor no debe andar peleando, sino que debe ser bondadoso con todos, capaz de enseñar y paciente con las personas difíciles. 2 Timoteo 2:24.

 

La mansedumbre es uno de los frutos del Espíritu que todos los cristianos debieran poseer. Sí, aun los hombres muy “machos” deberían ser suaves y tiernos en ocasiones. No hay nada de extraño en que los hombres le limpien suavemente las lágrimas a un niño pequeño. Llorar con alguna persona que sufre es asemejarse a Cristo. Un buen cristiano siempre se da tiempo para ayudar al débil.

Nunca hubo mejor prototipo del “macho” que el general Roberto E. Lee, quien montado sobre su hermoso caballo gris guiaba a sus hombres a la batalla. No obstante, sus ojos a menudo se humedecían por las lágrimas. Simpatizaba con los heridos, sin importar a qué ejército pertenecieran. Nunca fue tan grande como cuando se daba tiempo para tranquilizar a un niño atemorizado.

En cierta ocasión, se encontraba en el campo de batalla en México, cuando de pronto descubrió a un “niño del tambor” atrapado debajo de un soldado moribundo. A su lado estaba una niña mexicana. Era pequeña y pobre. No tenía zapatos ni calcetas. Su vestido andrajoso estaba salpicado de sangre. Tenía el cabello recogido en una trenza larga, que le llegaba hasta la cintura. Apretaba sus manitas sobre el pecho, como para evitar que se le quebrantara el corazón. Copiosas lágrimas se desprendían de sus lindos ojos negros.

-¿Qué te pasa, chiquitina? -le preguntó este gran hombre.

-Mi hermano tiene el brazo roto -sollozaba la niña-. Le duele mucho, y el hombre se está muriendo.

-¿Te duele mucho? -le preguntó Roberto Lee al joven, pensando en su propio hijo que había dejado en casa-. Conseguiré ayuda, te llevaré al hospital y pronto estarás bien.

Los ojitos cargados de dolor de la niña lo siguieron mientras se alejaba. Pronto regresó con cuatro paramédicos, quienes cuidadosamente levantaron al soldado moribundo y lo pusieron en una camilla. Colocaron al niño en otra y se los llevaron al hospital.

-Mil gracias, señor -sonreía la niña entre sollozos.

De alguna manera, me gusta pensar en que cuando se repartan los premios en el mar de cristal, una medalla especial llamada la “Medalla de la Bondad” será entregada a hombres como Roberto E. Lee.

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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