17 de agosto 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Casa nueva

“En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar” (Juan 14:2, NVI).

Una de las más duras pérdidas humanas que conllevó la caída fue la expulsión de nuestra primera casa. Según Elena de White, Adán y Eva “con humildad e inenarrable tristeza se despidieron de su bello hogar, y fueron a morar en la tierra, sobre la cual descansaba la maldición del pecado” (Patriarcas y profetas, p. 46). A partir de ese momento, toda la humanidad quedó “sin techo”, pues la desobediencia nos quitó nuestro hogar.

Ese fue el primer desalojo de la historia de la humanidad. La crisis fue tan seria, que el Señor necesitó colocar ángeles en la puerta del jardín. Adán y Eva veían su casa, pero no podían entrar. Como consecuencia de la caída, la impiedad se arrastró y Dios tuvo que enviar el diluvio. Antes de eso, retiró su jardín de este planeta.

Los seres humanos no tenían más dignidad para vivir en aquel lugar sagrado. Dios despidió de allí a nuestros primeros padres con pesar; pero desde aquel triste momento, él está trabajando para devolvernos la dignidad perdida y, con ella, nuestro hogar.

Momentos antes de la cruz, Jesús dijo que iría al cielo con el propósito de prepararnos un lugar (Juan 14:2). Dios nunca se sintió bien porque estemos fuera de casa. En el versículo de hoy, es como si Jesús estuviera diciéndonos: “Yo nunca me olvidé de aquel momento. Por eso, voy a prepararles un nuevo lugar para ustedes”.

Es lindo pensar que antes del lugar, él preparó el medio para que la humanidad pudiera habitar en el cielo. En la cruz, Jesús pagó el precio de nuestra redención, abrió la carretera de regreso al hogar y les garantizó a sus hijos fieles que un día volverían al Edén perdido.

Desde la caída, el mundo ha estado dividido en dos grupos: los hijos de Dios y los de los hombres. La Tierra se transformó en un lugar incompatible para nosotros, pues la impiedad echó raíces en este suelo. Estamos incómodos aquí. Este no es nuestro lugar. El planeta pasó a ser territorio del enemigo. En su reino, predominan la injusticia, la violencia y la muerte. No somos de aquí.

Jesús nos prometió que tendremos el Edén otra vez. Él retornó al cielo y, desde entonces, está preparando nuevamente un lugar para sus hijos. Al mismo tiempo, en la persona del Espíritu Santo, él trabaja para que seamos habitantes dignos de aquel maravilloso lugar. El Edén nos será devuelto; prepárate para vivir eternamente en él.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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