17 de abril | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Cómo disciplinar la mente

Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh, Jehová, roca mía y redentor mío. Salmos 19:14.

Los pensamientos deben ser puros y las meditaciones del corazón deben ser limpias, si se quiere que las palabras de la boca sean aceptables para el cielo y útiles para vuestros asociados.—The Review and Herald, 12 de junio de 1888.
La mente natural y egoísta, si se le permite seguir sus propios deseos pecaminosos, obrará sin motivos elevados, sin propender a la gloria de Dios, o al beneficio de la humanidad. Los pensamientos serán pecaminosos, única y continuamente pecaminosos. … El Espíritu de Dios produce una nueva vida en el alma, conduciendo los pensamientos y los deseos a la obediencia de la voluntad de Cristo. …
Los jóvenes debieran empezar a cultivar temprano en la vida los hábitos correctos de pensamiento. Debiéramos disciplinar la mente para pensar productivamente, y no permitirle que se espacie en aquellas cosas que son malas. … Cuando Dios obra sobre el corazón, mediante el Espíritu Santo, el hombre debe colaborar con él. …
Debiéramos meditar en las Escrituras, pensando seria y sinceramente en las cosas que atañen a nuestra salvación eterna. La infinita misericordia y amor de Jesús, el sacrificio hecho por nosotros, exigen una seria y solemne reflexión. Debiéramos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e Intercesor. Debiéramos procurar comprender el significado del plan de salvación. Debiéramos meditar en la misión de Aquel que vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Nuestra fe y amor se fortalecerán a través de la contemplación de los temas celestiales. Nuestras oraciones serán más y más aceptables a Dios porque estarán más y más mezcladas con fe y amor. Serán más inteligentes y fervorosas. Habrá una confianza más constante en Jesús, y tendremos una experiencia diaria y viva en la voluntad y el poder de Cristo para salvar hasta lo máximo a todos los que acuden a Dios mediante él. …
El alma experimentará hambre y sed de ser hecha semejante a Aquel que adoramos. Cuanto más permanezcan en Cristo nuestros pensamientos, tanto más hablaremos de él a otros, y lo representaremos ante el mundo.—Ibid.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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