16 de septiembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | William Cowper

Jesús contestó: Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás. Juan 13:7.

“Dios obra en forma misteriosa, sus maravillas al realizar; se pasea en la tormenta, deja sus huellas en la mar”.

Dios estuvo en Londres una noche oscura de 1772, se paseó en la neblina. Era una de esas neblinas semejantes a la sopa de arvejas, tan comunes en esa ciudad. No se podía ver más que a unos pocos pasos de distancia, aun con muy buena luz.

La oscuridad de la noche guardaba relación con el humor del hombre que caminaba nerviosamente en un triste departamento ubicado al este de la ciudad. Tenía profundas ojeras, señal de largas noches sin poder dormir y días enteros de angustioso temor. Se dejó caer en una silla y miró cómo las brasas se apagaban lentamente.

“Me parezco a esas brasas que se extinguen lentamente -pensaba para sí-. Acabado. Derrotado. Un fracaso. Prefiero morir que hacerle frente al terror de otra noche más. La única manera de poner fin a mi miseria es arrojándome al río”.

El hombre tomó su abrigo, como poseído por una locura repentina, y salió a la oscuridad de la noche, cerrando la puerta con llave tras sí. Bajó a tientas hasta llegar a la cabeza de caballo de hierro y el anillo donde ataban los caballos frente a la casa. De allí, siguió la vereda hasta la esquina de la calle por donde siempre pasaba un carro de alquiler tirado por caballos.

-¡Al río Támesis, señor! -dijo lacónicamente al jinete.

Atravesaron calle tras calle, dando vueltas aquí y allá en medio de la densa neblina. Al fin, el conductor reconoció que estaba perdido.

-¡Olvídelo! -dijo el pasajero al pagar el importe del viaje-. Caminaré el resto del camino.

Cuando descendió del carro, vio un objeto conocido. Era la cabeza de caballo de hierro y el anillo donde se sujetan los caballos frente a su casa. Al percatarse de que Dios lo había guiado en medio de la neblina, rápidamente subió las escaleras hasta su departamento, cayó de rodillas y pidió perdón a Dios por lo que estuvo a punto de hacer. De esa experiencia brotaron las palabras del himno 107 del Himnario Adventista en inglés, con las que iniciamos nuestra historia de hoy.

En cierta ocasión, cuando me sentí desesperada, canté este himno y encontré nueva esperanza y valor para continuar.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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