16 de octubre | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Palabras como manzanas de oro

Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene. Proverbios 25:11.

Algunas personas salen de su diaria comunión con Dios vestidas con la humildad de Cristo. Sus palabras salen con dulzura de sus labios. Esparcen semillas de amor y de bondad a todo lo largo de su camino, porque Cristo vive en su corazón.—Manuscrito 24, 1887.
La lengua necesita ser educada, disciplinada y entrenada para que hable acerca de las glorias del cielo, para que hable del amor incomparable de Jesús.—Carta 32, 1890.
Hay almas que yerran, y que sienten su vergüenza y su locura. Están hambrientas de recibir palabras de ánimo. Contemplan sus errores y faltas hasta que casi se entregan a la desesperación. En lugar de … reprochar y condenar y quitar el último rayo de esperanza que el Sol de Justicia derrama en sus corazones, que vuestras palabras traigan un bálsamo sanador sobre el alma quebrantada. No seáis como el granizo desolador que golpea y destruye la tierna esperanza que surge en el corazón. No dejéis al alma hambrienta que perezca en su desamparo porque dejasteis de pronunciar palabras tiernas y de aliento.—The Review and Herald, 20 de agosto de 1895, pp. 529, 530.
La elocuencia más persuasiva es la palabra que se habla en amor y simpatía. Tales palabras llevarán luz a las mentes confundidas y esperanza al desanimado, y alumbrarán la perspectiva que tienen por delante. El tiempo en que vivimos exige una energía vital y santificada; pide fervor, celo, y la tierna simpatía y amor; pide palabras que no aumentarán la miseria, sino que inspirarán fe y esperanza. Vamos hacia el hogar, en busca de un país mejor, de un país celestial. En lugar de hablar palabras que causarán resentimiento en los pechos de quienes las oyen, ¿no hablaremos del amor con que Dios nos ama? ¿No procuraremos aliviar los corazones de aquellos que nos rodean mediante palabras de simpatía cristiana?—The Review and Herald, 16 de febrero de 1897.
Aquellos que aman a Jesucristo contemplarán su carácter, meditarán sobre sus palabras, practicarán sus preceptos, y serán misioneros vivientes. Las palabras que pronuncian serán como manzanas de oro con adornos de plata.— Carta 2, 1895.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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