16 de noviembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | No juzguéis

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7:1-2.

Yo comprendo cómo trabaja el enemigo, y quisiera decir a cada alma: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. Mateo 7:1-2. Hay ocasiones cuando tenemos que tomar una posición decidida, pero junto con magnificar al Señor, estén seguros de no condenar ni acusar a otros. Si nuestro pueblo se dividiera todas las potencias del infierno se regocijarían.
Se ha estado preparando el camino para que se levanten contiendas y divisiones. Algunos corren el riesgo de caer en la infidelidad. Ahora, estudien ustedes en cuanto a cómo salvar a estas almas que están en peligro. Tengo tristeza, una gran tristeza de corazón, por darme cuenta de que ellos no comprenden la situación en que se encuentran…
Hay algo que ustedes pueden hacer. Pueden colocarse en condiciones de arrepentirse. Sus corazones necesitan experimentar la conversión. El fin está cerca; el tiempo es corto. Ruéguenle a Dios; limpien la carretera del Rey; y coloquen en alto el estandarte sobre el cual está inscrito: “Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Al avanzar paso a paso, proclamen: “Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.
Moisés declaró: “Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: ciertamente pueblo santo y entendido, nación grande es esta… Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos”. Deuteronomio 4:5-6, 9.—Carta 30, 1906.
El Salvador dijo claramente: “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados”… ¿Quién puede comparecer delante de Dios y declarar que posee un carácter intachable y una vida libre de culpa? ¿Cómo, entonces, algunos se atreven a criticar y condenar a sus hermanos? Las mismas personas que aspiran a la salvación únicamente gracias a los méritos de Cristo, que deben buscar el perdón por su sangre, se encuentran bajo la más estricta obligación de ejercer amor, piedad y perdón hacia sus prójimos pecadores…
Mientras condenan a otros, el Señor los condena a ustedes… Que el Señor impresione los corazones de los miembros de la iglesia, hasta que en su vida y carácter revelen su gracia transformadora. Entonces, cuando se reúnan, lo harán para conversar acerca de Jesús y de su amor.—The Review and Herald, 30 de noviembre de 1886.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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