16 de mayo | Devocional: Conflicto y Valor | El juicio postergado

 

1 Samuel 2:22-36.

 

Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 1 Samuel 3:12.

 

Elí había cometido un grave error al permitir que sus hijos asumieran los cargos sagrados. Al disculpar la conducta de ellos con este o aquel pretexto, quedó ciego con respecto a sus pecados; pero por último llegaron a tal punto que ya no pudo desviar más los ojos de los delitos de sus hijos. El pueblo se quejaba de sus actos de violencia, y el sumo sacerdote sintió pesar y angustia. No osó callar por más tiempo. Pero sus hijos se habían criado pensando sólo en sí mismos, y ahora no respetaban a nadie. Veían la angustia de su padre, pero sus corazones endurecidos no se conmovían. Oían sus benignas amonestaciones, pero no se dejaban impresionar, ni quisieron cambiar su mal camino cuando fueron advertidos de las consecuencias de su pecado. Si Elí hubiera tratado con justicia a sus hijos impíos, habrían sido destituidos del sacerdocio y castigados con la muerte.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 623, 624.

Año tras año el Señor había postergado los castigos con que le amenazaba. Mucho pudo haberse hecho en aquellos años para redimir los fracasos del pasado; pero el anciano sacerdote no tomó medidas eficaces para corregir los males que estaban contaminando el santuario de Jehová y llevando a la ruina a millares de Israel. Por el hecho de que Dios tuviera paciencia, Ofni y Finees endurecieron su corazón y se envalentonaron en la transgresión. Elí hizo conocer a toda la nación los mensajes de reproche que habían sido dirigidos a su casa. Así esperaba contrarrestar, hasta cierto punto, la influencia maléfica de su negligencia anterior. Pero las advertencias fueron menospreciadas por el pueblo, como lo habían sido por los sacerdotes.—Ibid. 630, 631.

Dios condena la negligencia que se solaza en el pecado y el crimen, y la insensibilidad que es lenta para detectar su funesta presencia en las familias de cristianos profesos. El hace responsables a los padres en alto grado por las faltas y necedades de sus hijos. Dios visitó con su maldición no sólo a los hijos de Elí, sino a Elí mismo, y este terrible ejemplo debiera ser una advertencia para los padres de nuestros días. Testimonies for the Church 4:200.*

 

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White



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Devocional

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