16 de julio | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Tiempo de refrigerio

Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. Hechos 3:19.

El mensaje del tercer ángel está creciendo hasta convertirse en un fuerte pregón, y no debéis sentiros libres de descuidar el deber actual y todavía abrigar la idea de que, en algún futuro, seréis los receptáculos de una gran bendición cuando se efectúe un maravilloso reavivamiento, sin ningún esfuerzo de vuestra parte. Hoy habéis de entregaros a Dios para que os haga vasos de honra aptos para su servicio. Hoy habéis de entregaros a Dios para que seáis vaciados del yo, vaciados de la envidia, los celos, las malas conjeturas, las contiendas, de todo lo que deshonre a Dios. Hoy habéis de tener purificado vuestro vaso para que esté listo para el rocío celestial, listo para los chaparrones de la lluvia tardía, pues vendrá la lluvia tardía y la bendición de Dios llenará cada alma que esté purificada de toda contaminación. Nuestra obra hoy es rendir nuestra alma a Cristo para que podamos ser hechos idóneos para el tiempo del refrigerio de la presencia del Señor: idóneos para el bautismo del Espíritu Santo.—Mensajes Selectos 1:223.

Dios no nos ha revelado el tiempo cuando terminará este mensaje o cuando el tiempo de gracia llegará a su fin… Nuestro deber es velar, trabajar y esperar, trabajar cada momento por las almas que están prontas para perecer. Hemos de mantenernos caminando continuamente en las pisadas de Jesús, trabajando de acuerdo con sus planes, dispensando sus dones como buenos mayordomos de la múltiple gracia de Dios…

La Palabra del Señor revela que el fin de todas las cosas está cerca y su testimonio es clarísimo en esto: es necesario que cada persona tenga la verdad arraigada en el corazón, de modo que controle la vida y santifique el carácter. El Espíritu del Señor está obrando para llevar la verdad de la Palabra inspirada y grabarla en el alma de modo que los profesos seguidores de Cristo tengan un gozo santo y sagrado que puedan impartir a otros.—Ibid. 224, 225.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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