16 de julio 2019 | Devoción Matutina para Jóvenes | Servicio

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir. Mateo 20:28.

El texto de hoy puede aplicarse a Elena G. de White, la más conocida de los adventistas, tanto porque fue dotada con el don de profecía, como por su influencia en la formación de un movimiento mundial dinámico. Durmió en Cristo el 16 de julio de 1915.

Cuando era adolescente, Elena participó en la proclamación millerita de 1840. Pasó por el chasco, pero su fe no vaciló. Llegó a ser una de los tres pioneros originarios de la iglesia, participando con el que sería su esposo, Jaime White, y José Bates en esparcir la nueva luz sobre la purificación del Santuario y el sábado.

Poco después de su primera visión, Elena Harmon fue instruida por el ángel del Señor a escribir lo que se le había revelado. Dijo: «En los primeros tiempos de mis labores públicas el Señor me pidió: ‘Escribe, escribe las cosas que te son reveladas’. En el tiempo en que recibí ese mensaje no podía sostener mi mano con firmeza. Mi condición física hacía imposible que escribiera. Pero de nuevo vino la palabra: ‘Escribe las cosas que te son reveladas’. Obedecí y, como resultado, antes de que pasara mucho tiempo podía escribir página tras página con relativa facilidad. ¿Quién me decía qué debía escribir? ¿Quién fortalecía mi mano derecha y hacía posible que usara la pluma? Era el Señor» —3MS 41.

Su primera revelación profética, en diciembre de 1844, fue seguida por otras 2.000 en forma de sueños o visiones. La última visión trataba sobre el bienestar espiritual de los jóvenes. La recibió el 3 de marzo de 1915. Durante los setenta años de su ministerio público, entre 1844 y 1915, escribió cerca de cien mil páginas.

Los consejos tempranos de Elena G. de White en el área de administración y organización de la iglesia, en las ramas de salud, evangelización, educación y publicaciones son muy conocidos. En algunas áreas de ciencia y educación el mundo no ha aplicado todavía los principios y filosofías enunciadas por Elena G. de White. Donde sus consejos han sido aplicados, los resultados han confirmado su origen divino.

Elena G. de White no fue una anciana aburrida que creó una iglesia victoriana; no, fue una joven de 17 años que hizo amistad con Cristo, y lo sirvió durante siete décadas. Sírvele tú ahora.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2019

VOLANDO ALTO – VALORES

Lecturas devocionales para Jóvenes 2019

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