16 de enero | Devocional: Alza tus ojos | Resultados de la renovación interior

»Por la inmensa riqueza de su gloria, pido a Dios que, por medio de su Espíritu, los haga cristianos fuertes de ánimo». Efesios 3: 16, TLA

CREEMOS QUE EL FIN ESTÁ CERCA, y en el corto tiempo que aún tenemos, debemos cumplir con fidelidad la tarea que Dios nos ha encomendado. Mantendremos fervientes nuestras almas con el amor de Dios en la medida en que tratemos de encender los corazones de otros. Todavía estamos en el tiempo de gracia. Quien anhele fervorosamente la vida eterna deberá esforzarse por alcanzarla, y la conseguirá si la anhela y se esfuerza. El oro se halla oculto en la tierra. El querer y el hacer combinados son los únicos medios para conseguir el tesoro. Si se despierta en nosotros el interés por las almas que están por perecer, se revitalizará nuestra propia vida espiritual.

Qué consuelo es saber que el Señor anhela que formemos parte de la familia celestial. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3: 16). Necesitamos cultivar y ejercitar la fe. Nuestra fe debe manifestarse en obras. Debemos tener esa fe que obra por el amor y purifica el alma. La Palabra del Señor es vida y es poderosa, más aguda que cualquier espada de dos filos. Es poder al ponerla en práctica en nuestra vida. La gran transformación que obra es interna. Comienza en el corazón y se manifiesta exteriormen- te, «porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo»; «por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios: “No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado; pero me has dado un cuerpo para ofrecer”». «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado» (Rom. 10: 10, NVI; Heb. 10: 5, NTV; Sal. 51: 17). Dios no se complace con una pretensión farisaica.

«Ustedes ya han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios» (Col. 3:3, RVC). Así que podemos confiar en su amor, creyendo en todo momento que el Señor nos ama con un amor infinito. No permita que nada lo desanime y entristezca. Piense en la bondad de Dios, y no olvide nunca sus favores y bendiciones.

Estoy trabajando intensamente en tareas de redacción y predicación. El Señor ha sido mi mejor amigo y usted puede experimentar lo mismo. Que la alabanza al Señor esté siempre en nuestros corazones, en nuestros pensamientos y en nuestros labios. De esa manera podemos engrandecer la verdad. «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Rom. 8: 16).

Tenga buen ánimo, porque Jesús es nuestro Amigo y Salvador personal. Nos ama, y si presta atención a cada «pajarillo», cuánto más amor y cuidado manifestará por cada uno de nosotros (Luc. 12:6-7). La memoria se debilita cuando no se ejercita. De la misma manera, nuestra fe, esperanza y valor se debilitan a menos que miremos a Jesús con toda la confianza con la que un niñito contempla a su madre. Contemplándolo somos transformados a su semejanza. Que ningún pensamiento de incredulidad se entreteja en nuestra experiencia religiosa. El Señor será nuestra eficiencia y nuestra incalculable recompensa.— Carta 20,16 de enero de 1898, dirigida a la hermana Kelscy.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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