16 de enero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Durmiendo en la tormenta

«[Jesús] reprendió al viento y ordenó al mar: «¡Silencio! ¡Cálmate!». El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo» (Marcos 4: 39).

Era el final de la tarde y Jesús estaba cansado. Durante todo el día había sanado, enseñado y ayudado a una multitud de personas que se aglomeraban a su alrededor. A duras penas había tenido tiempo para comer. Por si eso fuera poco, la crítica perversa y la calumnia de los fariseos habían hecho que su trabajo fuera más pesado. Entonces decidió ir a descansar al otro lado del lago, donde había pocas viviendas. La multitud fue despedida y Jesús y sus discípulos se subieron a la barca. Al rato, vencido por el hambre y el cansancio, se quedó dormido.
Había anochecido ya cuando unas nubes oscuras y un viento fuerte anunciaron tormenta. Grandes olas comenzaron a golpear la embarcación, llenándola de agua y casi hundiéndola. Acostumbrados a la vida de pescadores, las tormentas no eran una novedad para los discípulos, pero, esta vez, todo lo que sabían parecía no servirles de nada. Visiblemente desesperados, recordaron la presencia de Jesús con ellos. Llamaron al Maestro, pero él ni se movió. Sintiéndose abandonados, vieron, incrédulos, cómo Jesús seguía durmiendo.
¿Cómo era posible? Inconformes, los discípulos lo despertaron.
Serenamente, sin señal alguna de desesperación, Jesús levantó sus manos y, bajo su orden, el mar se calmó. La razón por la que Jesús se mantuvo muy por encima de la desesperación no era por el hecho de ser Dios, sino porque confiaba en el amor y el cuidado del Padre.
De vez en cuando, nos vemos envueltas en preocupaciones, tanto imaginarias como reales, ¿cierto? Estas no son necesariamente un mal. Pueden significar fuerza, interés y que valoramos la vida. Sin embargo, terminamos siendo rehenes de la preocupación excesiva, que agota nuestra energía física y emocional. Y terminamos infelices y enfermas. Lograr dormir durante la tormenta, como hizo el Maestro, es tener la tranquilidad de que tú hiciste tu parte, y eso sumado a la confianza de que alguien mayor cuidará de todo lo demás, aunque lo haga de manera distinta a como a ti te gustaría. Dormir en la tormenta es reconocer que no estás sola, pues hay un Dios lleno de amor velando por ti, interesado en todo lo que te sucede.
Por eso, sigue el ejemplo de Jesús: pon tus preocupaciones en las manos del Padre y descansa tranquila. Duerme en la confianza de que él está por encima de todos tus problemas. Él puede calmar tu ansioso corazón, si se lo permites.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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