16 de agosto | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Modela el carácter

Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir. 1 Pedro 1:14,15.

El poder transformador de la gracia de Cristo modela a aquel que se entrega a sí mismo al servicio de Dios. Imbuido del Espíritu del Redentor, está listo para negarse a sí mismo, está listo para tomar la cruz, está listo para hacer cualquier sacrificio por el Maestro. Ya no puede ser indiferente a las almas que perecen a su alrededor. Ha sido elevado por encima del servicio propio. Ha sido creado de nuevo en Cristo, y el servicio de sí mismo ya no tiene más lugar en su vida. Comprende que cada parte de su ser pertenece a Cristo, quien lo ha redimido de la esclavitud del pecado; que cada momento de su futuro ha sido comprado con la preciosa sangre vital del unigénito Hijo de Dios.—Testimonies for the Church 7:9, 10.

Cristo es nuestro modelo, y los que siguen a Cristo no andarán en tinieblas, pues no procurarán su propio placer. Glorificar a Dios será el continuo propósito de su vida. Cristo representó el carácter de Dios ante el mundo. El Señor Jesús condujo su vida de tal forma que los hombres estuvieron obligados a reconocer que había hecho bien todas las cosas. El Redentor del mundo fue la luz del mundo, pues su carácter fue sin falta. Aunque era el unigénito Hijo de Dios, y el heredero de todas las cosas del cielo y de la tierra, no dejó un ejemplo de indolencia y complacencia propia…

Cristo nunca aduló a nadie. Nunca engañó ni defraudó, nunca cambió su rectilínea justicia para obtener el favor o el aplauso. Siempre expresó la verdad. La ley de la bondad estuvo en sus labios y no hubo engaño en su boca. Compare el ser humano su vida con la vida de Cristo, y por medio de la gracia que imparte Jesús a los que lo convierten en su Salvador personal, alcance la norma de justicia… Los que sigan a Cristo continuamente mirarán la perfecta ley de libertad.—A Fin de Conocerle, 158.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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