15 de Octubre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Ante todo, un corazón vacío de egoísmo

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Marcos 12:30,31.

De estos dos mandamientos dependen todo el interés y el deber moral. Los que cumplen su deber hacia los demás en la misma forma en que quisieran que los demás lo hicieran con ellos, se ubican en tal posición que Dios puede revelarse a ellos. Serán aprobados por él. Serán perfeccionados en amor y sus labores y oraciones no serán en vano. Estarán recibiendo continuamente gracia y verdad de la Fuente principal, y comunicarán sin restricciones a los demás la luz divina y la salvación que reciban…
El egoísmo es abominación a la vista de Dios y de los santos ángeles. Por causa de este pecado muchos dejan de alcanzar el bien que estarían en condiciones de gozar. Contemplan con ojos egoístas sus propias cosas y no aman ni buscan el interés de los demás tal como ocurre con lo suyo. Invierten la orden de Dios. En lugar de hacerles a los demás lo que les gustaría que los otros hicieran por ellos, hacen por sí mismos lo que les gustaría que los otros hicieran por ellos, y les hacen a los demás lo que les disgustaría que les hicieran a ellos.—Testimonies for the Church 2:550, 551.
¿Cómo es posible que podamos crecer en gracia? Es posible sólo si vaciamos el corazón del yo y lo presentamos al Cielo para que sea moldeado de acuerdo con el Modelo divino. Debemos tener conexión con el viviente canal de luz; podemos ser refrigerados por el rocío celestial, y dejar que las lluvias del Cielo desciendan sobre nosotros. Al apropiarnos de la bendición de Dios estaremos en condiciones de recibir mayores cantidades de su gracia. Al aprender a mantenernos como viendo al Invisible, seremos transformados a la imagen de Cristo. La gracia de Cristo no hará de nosotros seres orgullosos, ni encumbrará nuestro yo, sino que llegaremos a ser mansos y humildes de corazón.—The S.D.A. Bible Commentary 7:947.
El crecimiento en la gracia no os inducirá a ser orgullosos o jactanciosos, [297] ni alimentará vuestra confianza propia.—Meditaciones Matinales, 107.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS
Elena G. de White

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