15 de noviembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | El culto familiar puede ayudar a crear armonía

¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Malaquías 3:2.

Nos estamos acercando rápidamente al fin de la historia de esta tierra. El fin está muy cerca, más cerca de lo que muchos suponen, y siento la carga de insistir en la necesidad que tiene nuestro pueblo de buscar fervientemente al
Señor. Muchos están dormidos, ¿y qué puede decirse para despertarlos de su sopor carnal? El Señor quiere que su iglesia esté purificada antes que sus juicios caigan más señaladamente sobre el mundo…
Cristo quitará de en medio todo falso pretexto. Ninguna mezcla de lo verdadero con lo falso puede engañarlo. “Él es como fuego purificador”, separando lo precioso de lo vil, la escoria del oro.
Al igual que los levitas, el pueblo elegido de Dios ha sido puesto aparte para él, para hacer su obra especial. Cada verdadero cristiano lleva las credenciales sacerdotales. Todos son honrados con la sagrada responsabilidad de representar ante el mundo el carácter de su Padre celestial. Deben oír bien las palabras: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Mateo 5:48…
Se me ha ordenado que exhorte a nuestro pueblo de la manera más ferviente acerca de la necesidad que tienen de practicar la religión en el hogar. Entre los miembros de familia, siempre debe haber una consideración amable y atenta.
Que todos los corazones se unan mañana y noche en adoración reverente. Que cada miembro de la familia escudriñe bien su corazón en el momento del culto vespertino. Que se aclare y corrija cada mal que se haya cometido. Si durante el día uno ha agraviado a otro, o le ha hablado en forma descortés, que el transgresor pida perdón al que agravió. Con frecuencia se albergan en la mente los resentimientos y se crean malentendidos y congojas que no necesitan crearse. Si al que se sospecha que hizo mal se le da una oportunidad, podrá dar las explicaciones que traerán alivio a otros miembros de la familia.
“Confiesen sus ofensas unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados” de todas las flaquezas espirituales, para que las disposiciones pecaminosas puedan ser cambiadas ver. Santiago 5:16. Hagan una obra diligente para la eternidad. Oren de la manera más ferviente al Señor y manténganse firmes en la fe. No confíen en el brazo de carne, sino confíen implícitamente en la dirección del Señor. Que cada uno diga ahora: “En cuanto a mí, saldré, y me separaré del mundo. Serviré al Señor con todo mi corazón”.—The Review and Herald, 8 de noviembre de 1906.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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