15 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Labrar el barbecho, buscar justicia

«¡Siembren para ustedes justicia! ¡Cosechen el fruto del amor, y pónganse a labrar el barbecho!¡Ya es tiempo de buscar al Señor!, hasta que él venga y les envíe lluvias de justicia». Oseas 10:12, NBD

LOS PRINCIPIOS DE LA VERDAD han de entretejerse con nuestro carácter y nuestra vida. Hemos de valorar positivamente cada rayo de luz que llega a nuestra inteligencia, y vivir de acuerdo con los requerimientos de Dios. Es necesario que progresemos en nuestra espiritualidad. Estamos perdiendo una gran cantidad de bendiciones […] porque no porgresamos en la vida cristiana a medida que el deber se presenta ante nosotros. […]
Los miembros de la iglesia de Cristo deberían reunir los rayos divinos de luz celestial y reflejarlos sobre los demás, dejando en el mundo una senda brillante hacia el cielo. Deberían ser como las vírgenes prudentes, y tener sus lámparas encendidas y provistas, revelando el carácter de Cristo ante el mundo (Mat. 25:1-13). No deberíamos satisfacemos con nada inferior a esto. No deberíamos satisfacemos con nuestra propia justicia, ni contentamos sin los profundos impulsos del Espíritu de Dios.
Cristo dice: «Separados de mí, ustedes no pueden hacer nada» (Juan 15: 5, NBD). Es esta marcada insignificancia, tan manifiesta en las tareas de muchos […] lo que nos alarma, porque sabemos que eso es una evidencia de que ellos no han sentido el poder transformador de Cristo en sus corazones.
Podremos mirar desde la rama más alta a la más baja de su obra, y no encontraremos fruto, sino hojas nada más. El Señor desea que alcancemos niveles más elevados. No es su voluntad que adolezcamos de semejante pobreza espiritual. […]
Recuerdo que visité Iowa, cuando ese estado estaba naciendo, y vi a los colonos labrando terrenos incultos. Observé que usaban pesadas yuntas de bueyes y como tenían que hacer grandes esfuerzos para hacer buenos surcos. Allí los labradores se hacían fuertes, musculosos y resistentes por el duro ejercicio de sus facultades físicas. Nuestros jóvenes se harán fuertes espiritual y emocionalmente yendo a nuevos campos a sembrar en el duro terreno de los corazones humanos. Esta labor los acercará a Dios. […] Así los jóvenes aprenderá a ser más hábiles y eficaces venciendo dificultades y superando obstáculos. […] Jesús dice: «Felices los que desean de todo corazón que se cumpla la voluntad de Dios, porque Dios atenderá su deseo» (Mat. 5: 6, LPH).— Review and Herald, 8 de octubre de 1889.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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