15 de noviembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025 | Problemas en el grupo

«Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con los dos hermanos» (Mateo 20: 24).

Vivir en armonía y comunión es el ideal de una sociedad. Lamentablemente, la diversidad de caracteres y las distintas formas de pensar crean barreras y accidentes sociales. Con frecuencia vemos a hermanos carnales y fraternales enfrentar conflictos interminables. En el grupo de discípulos a los que Jesús eligió también se produjeron choques.
La madre de Santiago y Juan hizo un pedido ambicioso a Jesús: «Manda que en tu reino uno de mis hijos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Mateo 20: 21). Al escuchar los otros discípulos que aquellos dos querían sacar ventaja sobre ellos en el reino de Jesús (reino que, por cierto, habían malinterpretado), «Se enojaron con los dos hermanos» (vers. 24). ¿Cuál era la fuente de su enojo? Claramente, creían en la liberación de la opresión de los romanos y estaban seguros de que Jesús sería rey aquí en la tierra. El hecho de que sus ilusiones estuvieran basadas en asuntos terrenales los hacía vulnerables a problemas grupales. Constantemente estaban discutiendo sobre quién de ellos sería el mayor, y con ello demostraban que no estaban preparados para el reino de los cielos.

Cuando en las congregaciones religiosas perdemos de vista el objetivo por el cual nos reunimos, comenzamos a ir detrás de los cargos más elevados, y a frustrarnos cuando no nos son otorgados. Tenemos un concepto errado respecto a «quién es el mayor». Santiago y Juan no querían estar cerca de Jesús porque quisieran tener el honor más alto de servir, sino que su pedido estaba basado en la ambición por un puesto importante en el reino de su Maestro.
Cuando comprendamos que, independientemente del cargo que tengamos en la iglesia, todos somos iguales a los ojos de Jesús, viviremos en armonía.
Entonces el enemigo no tendrá lugar en nuestras iglesias ni en nuestros corazones. Entonces sabremos que la guerra no es entre hermanos carnales ni fraternales; no es contra gente de carne y hueso, sino contra «malignas fuerzas espirituales» (Efesios 6: 12). Pero a estas fuerzas espirituales ya las venció Jesús en la cruz del Calvario (ver Colosenses 2: 15).
La buena noticia es que el Señor puede hacernos vivir en armonía si se lo permitimos. No hay bendición cuando peleamos entre hermanos; que peleemos es el objetivo del enemigo. Vivamos en unidad, como practicando para el cielo.

Posdata: Feliz sin enemistades.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025



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