15 de noviembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Adolfo Hitler

El rey de Babilonia ahora se encuentra donde se dividen los dos caminos y está indeciso sobre a quién atacar: a Jerusalén o a Rabá. Así que él convoca a sus magos en busca de presagios para que le adivinen la suerte. Ellos revuelven las flechas de la aljaba y examinan hígados de animales sacrificados. Ezequiel 21:21.

Tarde o temprano todos nos encontramos, como el rey de Babilonia, ante la encrucijada de la vida. No podemos retornar. Tenemos que escoger un camino u otro. De esa decisión depende nuestro destino eterno.

Adolfo Hitler llegó a la encrucijada de su vida a los 16 años de edad. Faltaba muy poco para la medianoche, cuando en compañía de su amigo Gustl Kubizek salieron del salón de la Ópera en Linz, una ciudad de Austria asentada sobre el río Danubio. Acababan de presenciar la obra Rienzi, de Ricardo Wagner, un cuento de hadas que trata de un pobre niño en la Roma antigua que llegó a ser el gobernante de un vasto imperio.

Los dos jóvenes caminaron en silencio por las calles empedradas, hasta llegar al campo. Como guiado por una fuerza invisible, Hitler condujo a su amigo colina arriba hasta escalar un montículo llamado Feinberg. Desde la cumbre pudieron observar el Danubio, que reflejaba la luz de la luna en la oscuridad.

Hitler se volvió y tomó a su amigo de las manos:

-Me ha sucedido algo muy especial esta noche, Gustl. Mientras miraba el desarrollo de la historia de Rienzi, me pareció ver mi propio destino. Tal como Rienzi, soy un joven muy pobre. Igual que Rienzi, llegaré a ser el dirigente de una gran nación. Oirás mucho de mí en el futuro, amigo mío.

Los dos jóvenes descendieron la colina, sin comprender que aquella noche se habían parado en la encrucijada de sus vidas. El camino que escogió Hitler lo llevó a ser el dictador demente de la Segunda Guerra Mundial, que condujo a la muerte a millones de personas. El camino de Gustl, lo llevó a ser un director de orquesta, que prodigó gozo y felicidad a miles.

Hitler y su amigo se encontraron nuevamente después de treinta años. -¿Te acuerdas de aquella noche de luna en Feinberg? -preguntó Adolfo. Gustl asintió con la cabeza.

-Todo empezó en esa hora -reflexionó Hitler-. ¡Y qué diferencia ha producido en la historia aquella hora!

Como escribiera James Russell Lowell: “Solo una vez, para cada hombre y nación, llega la hora de escoger en la contienda de la Verdad contra la Falsedad, de parte del Bien o del Mal”.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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