15 de julio | Devocional: Exaltad a Jesús | En busca de la oveja perdida

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Mateo 18:13.

Jesús deseaba impresionar el valor del alma humana sobre los corazones y las mentes de los discípulos. El Señor demanda la colaboración de sus seguidores en la tarea de rescatar a los pecadores. Hay una oveja perdida, la más insignificante del rebaño, no obstante el Salvador representa al pastor como dejando a las noventa y nueve para ir a la montaña en busca de la descarriada. Entonces, ¿por qué los hijos e hijas de Dios son tan fríos de corazón, tan indiferentes hacia las almas que perecen a su alrededor? ¿Por qué los miembros de las iglesias están tan dispuestos a dejar que toda la carga descanse sobre los hombros del ministro? Cuán grave es este error, en vista de que cada súbdito de la gracia debe tomar una parte activa en la salvación de los perdidos.

Cristo le ha encomendado a cada ser humano una tarea que cumplir y se tienen que realizar esfuerzos personales para salvar a los que perecen. El obrero debería pasar mucho tiempo en oración secreta porque este trabajo requiere gran sabiduría en la ciencia de salvar almas. Cristo dijo: yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Juan 8:12. También les dijo a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo”. Mateo 5:14. El hizo que la iglesia fuera la depositaría de la verdad sagrada. Dejó a su iglesia la administración de esta verdad y es tarea de la iglesia cumplir con su misión de salvar al mundo. El es el Sol de justicia, que debe impartir rayos brillantes a sus seguidores; y ellos, a su vez, tienen el deber de impartir la luz sobre los demás. Deben ser sus representantes ante el mundo. Al creer en Cristo como su Salvador personal, se hacen cargo de la obra en el lugar donde él la dejó. “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:6), dijo Cristo; pero con él somos capaces de hacer cualquier cosa. Hay una cantidad grande, muy grande de ovejas extraviadas que han perecido en los áridos desiertos del pecado, sencillamente porque nadie salió tras ellos para buscarlos y traerlos de vuelta al redil. Jesús utilizó la ilustración de la oveja perdida para demostrar la necesidad de salir a buscar a las personas que se han descarriado, porque una vez que la oveja se pierde nunca más encuentra el camino de regreso. Hay que salir a buscarla, y debe ser traída de vuelta al redil.

Todo el Cielo está interesado en la obra de salvar a los perdidos. Los ángeles observan con intenso interés para ver quién dejará a las noventa y nueve y saldrá al desierto bravío, en medio de tempestades, tormentas y lluvia, en busca de las ovejas perdidas. Los perdidos se hallan a todo nuestro alrededor, tristemente descuidados y muriendo. Pero son de gran valor a la vista de Dios, pues han sido comprados por la sangre de Cristo… Debemos esforzarnos por salvar a los que están perdidos. Si hemos de salir en busca de la oveja perdida y traerla de vuelta al redil; esto representa un esfuerzo personal.—The Review and Herald, 30 de junio de 1896.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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