15 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  Es urgente, muy urgente, ¡y muy importante!

«Y ustedes también darán testimonio porque han estado conmigo desde el principio». Juan 15: 27, NVI

QUEDA POR HACER ALGO que ha sido descuidado. Es preciso que nos arrepintamos de nuestra negligencia en el cumplimiento la misión; y hemos de orar por discernimiento espiritual, a fin de ver y comprender, como es debido, unas necesidades tan urgentes. Nos ha sido confiada la verdad salvadora e iluminadora; y vivimos rodeados de multitudes que nunca han recibido la luz, a las cuales debemos proclamar las verdades de salvación del mensaje del tercer ángel. Así que hemos de dedicamos a salvar almas, esforzándonos con fervor para comunicar a los demás todo lo que es para su bienestar eterno.

Las multitudes que no han sido amonestadas están llegando rápidamente a ser el hazmerreír del diablo. Satanás las está conduciendo a muchas formas de egoísmo y autocomplacencia. Muchos buscan algo nuevo y emocionante; sus pensamientos están lejos de Dios y de las verdades de su Palabra. En estos tiempos, cuando el enemigo se esfuerza como nunca antes para seducir a los hombres y a las mujeres a fin de apartarlos de la verdad, no podemos cejar en la labor, yendo por los caminos principales y por los atajos. Con la máxima dedicación hemos de proclamar el último mensaje de misericordia en las ciudades, así como «por los caminos y por los vallados» (Luc. 14: 23); y nuestra labor no debe terminar ahí, sino que tiene que extenderse a las poblaciones que las rodean y a las aldeas y caseríos más lejanos.

Hay que alcanzar a todas las clases sociales. Conforme vayamos avanzando encontraremos personas de diversas nacionalidades. Nadie debe ser pasado por alto y dejado sin amonestar. El Señor Jesús fue el don de Dios al mundo entero, no a las clases más elevadas solamente, ni a una nación en particular con exclusión de las demás. Su gracia salvadora abarca el mundo entero. Cualquiera que desee puede beber del agua de la vida gratuitamente. «Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación» (Rom. 10: 13, DHH). Hay, además, una trascendental labor que llevar a cabo. La invitación del evangelio debe ser hecha en todo lugar. «Pero ¿cómo van a invocarlo, si no han creído en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si no hay quien les anuncie el mensaje?» (vers. 14, DHH).

El Señor quiere que su pueblo se ponga en marcha y cumpla la misión que se la sido encomendada. La responsabilidad no descansa solamente en los pastores. Los miembros laicos de la iglesia deben compartir la tremenda responsabilidad de salvar almas. […] El Señor invita ahora a los que tienen el conocimiento de la verdad para este tiempo a levantarse de su letargo y a ser verdaderos misioneros en su servicio. El tiempo es corto y debe hacerse la obra del Señor sin más demora. (Carta 4, 15 de febrero de 1911, dirigida a William C. White.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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