15 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | La capacidad de adaptación

«Sé lo que es vivir en la pobreza y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez». (Filipenses 4: 12).

Mary J. Ryan, autora del libro AdaptAbility [La capacidad de adaptación], menciona lo que dicen los especialistas en medicina conductual sobre las personas que dominan el arte de la adaptación. Comenta lo siguiente: «Esas personas viven más y mejor, porque compensan las hormonas del estrés que atacan el organismo con actitudes positivas y comportamientos que liberan hormonas capaces de restaurar el equilibrio en nuestras células, órganos y tejidos. Es por eso que muchos especialistas definen la salud misma como capacidad de adaptación».
Lamentablemente, pocas personas alcanzan el grado de capacidad de adaptación propuesto por el apóstol Pablo en el pasaje bíblico de hoy. Sin embargo, aprender a adaptarse a las circunstancias es señal de madurez. Esa adaptación no significa rendirse ante una situación en detrimento de tus principios y valores. ¡No! De hecho, el mismo Pablo dio el mejor ejemplo con su vida de cómo adaptarse a las realidades que lo rodean a uno. Él no se sometía a los valores del mundo (no gozaba de seguridad física, financiera ni social).
Pablo sabía bien lo que es pasar hambre, sentir dolor y enfrentar peligros, pero se adaptaba a esas circunstancias sin quejarse, sin reclamar, sin maldecir ni desanimarse. En sus labios siempre había acción de gracias.
¿Cómo conseguía Pablo adaptarse así a las circunstancias, siendo que sufrió tanto? Lo conseguía porque en la base de las decisiones que tomaba estaba siempre la certeza de que Dios lo guiaba a un propósito elevado, como una brújula que marca el rumbo en caminos difíciles.
Si nos rebelamos y nos entregamos a la autocompasión ante los pequeños infortunios, perdemos la gran oportunidad de entrenarnos psicológica y espiritualmente para cuando lleguen los grandes infortunios. El secreto es aprovechar cada adversidad, por menor que sea, para aprender adaptación.
«¿Y quién puede aprender a disfrutar de la escasez, de la pérdida y del sufrimiento?», tal vez estés pensando. Pero es que no se trata de aprender a disfrutarlos, sino de aprender a ser resilientes. Si nos toca atravesar el sufrimiento, que podamos hacerlo con la cabeza erguida y con una alabanza de acción de gracias en los labios, así como lo hizo y nos inspira a hacerlo el apóstol Pablo.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



(1883)

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