15 de febrero 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Samuel Finley Breese Morse

Observé algo más bajo el sol. El corredor más veloz no siempre gana la carrera y el guerrero más fuerte no siempre gana la batalla. Los sabios a veces pasan hambre, los habilidosos no necesariamente son ricos, y los bien instruidos no siempre tienen éxito en la vida. Todo depende de la suerte, de estar en el lugar correcto en el momento oportuno. Eclesiastés 9:11.

Finley Morse, de siete años de edad, suspiró y levantó la vista de su libro.

Estaba demasiado emocionado como para estudiar sus lecciones de ortografía. Mañana sería su primer día en la escuela de Andover. ¡Se sentía todo un joven! Miró al otro lado de la mesa a su hermanito de cuatro años de edad, Sidney, que aprendía el abecedario.

-Apúrate, Sidney -le dijo Finley-, Papá dijo que podemos ir a jugar en cuanto recitemos nuestras lecciones.

Pero Sidney ni siquiera lo miró.

“Pobrecito Sidney, ¡siempre tan lento! -pensaba Finley-. Cuando acabe con mi lección de ortografía, tendré que ayudarlo a terminar la suya para que podamos jugar”.

Finley dibujaba círculos en un papel. Sonreía al convertirlos en caritas de niños risueños.

-¿Has terminado tus lecciones, Finley? -preguntó su papá.

-Pues sí, casi… -respondió Finley-, Pero el siempre lento de Sidney nunca terminará. ¿Le podrías perdonar su lección solo por esta vez? -Sidney ya recitó su lección.

-¿Cómo sucedió eso? -preguntó Finley-. ¡Siempre es tan lento!

-¿Acaso nunca escuchaste la historia de la tortuga y la liebre? -contestó el señor Morse mientras se sentaba junto a la mesa.

-Por supuesto, pero es una historia absurda y nunca podría suceder -se defendió Finley-, ¿Cómo le puede ganar una tortuga a un conejo?

-Tal vez, al perseverar en la tarea que se le ha encomendado – sugirió el padre levantando las cejas- Precisamente hoy tuve la oportunidad de ver a una tortuga aprender su alfabeto y ganar, mientras que el conejo se dedicó a dibujar caritas y perdió.

Finley Morse aprendió la lección. Cuando se le ocurrió enviar mensajes a través de un cable eléctrico, perseveró hasta que el telégrafo fue aceptado oficialmente. Tardó doce años para lograrlo, pero siguió intentando hasta llegara la meta.

Todos participamos en la carrera de la vida. No importa si eres una tortuga o una liebre. Lo que verdaderamente importa es que sigas corriendo en la dirección correcta. A muchas personas se les esfuma el éxito, tanto en esta vida como en la venidera, porque no han aprendido que “el corredor más veloz no siempre gana la carrera”, sino los que perseveran en su tarea.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020

PERSIGUE TUS SUEÑOS Más allá de los obstáculos

Dorothy E. Watts

Lecturas devocionales para Jóvenes 2020

COMPARTIR
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*