15 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | Obediente a la visión celestial

Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret. Hechos 26:9.

Muchos se colocan en posiciones donde resulta difícil mantener la integridad y preservar la pureza. Dios les advierte que huyan de Sodoma. Pero se aferran a sus propias ideas y piensan que saben qué es lo mejor, y la obra que podrían hacer fuera de las ciudades, la hacen en ellas, en nombre de la conveniencia. Agrupan en su derredor a obreros que debieran estar fuera de las ciudades. Puede ser que algunos de estos obreros sean incrédulos, pero podrían convertirse si los intereses religiosos fueran puestos en primer lugar.

El Señor llama a los que están en posiciones de confianza en su causa, a constituir centros para su obra fuera de las ciudades, a fin de que puedan agrupar en torno de ellos tanto a creyentes como a incrédulos, y hacer entonces toda provisión para darles ventajas religiosas.

Los cristianos serán examinados y probados. Pero, si tratan sinceramente de servir a Dios, se les dará fortaleza para cada conflicto. No deben prestar oído a los informes falsos que llegan a sus oídos, sino que han de avanzar, sin desviarse, por el sendero del deber. Deben aprender a pensar por sí mismos, y sus acciones deben estar siempre en armonía con la Palabra de Dios.

No se aparten del camino para exigir explicaciones del enemigo. Sus palabras de censura y de malicia son chispas que, si no se sopla sobre ellas ni se las alimenta, se apagarán solas. Desentiéndanse de los malos informes de aquellos cuyas lenguas están encendidas con el fuego del infierno. Si se detienen para discutir, prepararán el camino para nuevos ultrajes.

A menudo las dificultades pueden subsanarse por medio del silencio. Dejen solo al que habla mal. Realicen su obra como quien tiene un cometido sagrado que cumplir. Cuando sean criticados, avancen como si no oyeran. Sus corazones pueden sentirse heridos; sin embargo, no permitan ser apartados de su obra. Brinden su tiempo y atención a los asuntos de interés eterno.

Cristo es el ejemplo de ustedes. Vino a este mundo, y en su humanidad vivió la vida que desea que ustedes vivan. Mírenlo a El. Estudien sus planes, propósitos y medios. Su vida es nuestro libro de texto. Como Salvador divino-humano, se coloca delante de nosotros con la invitación: “Venid a mí… y yo os haré descansar… porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28, 30.

La vida de Cristo es una perfecta revelación del carácter de Dios. ¿Cuál es, entonces, nuestro deber? Pablo nos lo dice. Cristo se le reveló cuando estaba persiguiendo a los santos, y él declaró: “No fui rebelde a la visión celestial”. Hechos 26:19.—Manuscrito 159, del 15 de diciembre de 1902, “Fragmentos”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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