14 de septiembre | Dios nos cuida | Elena G. de White | Punto de vista

Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella… a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Efesios
5:25, 27.

Llevamos el nombre de cristianos. Seamos fieles a ese nombre. Ser cristianos significa ser semejantes a Cristo. Significa seguir a Cristo en abnegación, llevando en alto su estandarte de amor, honrándolo por medio de palabras y actos desinteresados. En la vida del verdadero cristiano el yo no existe: está muerto. No hubo egoísmo en la vida que Cristo vivió en esta tierra. Aunque asumió nuestra naturaleza, vivió una vida plenamente dedicada al bien de los demás…
Los seguidores de Cristo deben ser puros y leales en palabras y en hechos. En este mundo, un mundo de iniquidad y corrupción, los cristianos deben manifestar los atributos de Cristo. Todo lo que hagan y digan debe estar libre de egoísmo. Cristo desea presentarnos ante el Padre “sin mancha ni arruga ni cosa semejante”, purificados por su gracia y llevando su semejanza.
Por su gran amor, Cristo se entregó a sí mismo por nosotros. Lo hizo para satisfacer las necesidades de las almas que luchan contra el mal. Debemos entregarnos a él. Cuando esta entrega es completa, Cristo puede terminar la obra que comenzó en nuestro favor al entregarse a sí mismo. Entonces nos puede restaurar totalmente.
Cristo se entregó a sí mismo por la redención de la especie, para que todos los que creen en él puedan tener vida eterna. Todos los que aprecien este gran sacrificio reciben del Salvador el más precioso de todos los dones: un corazón limpio. Obtienen una experiencia más valiosa que el oro, o la plata o las piedras preciosas. Se sientan con Cristo en lugares celestiales, para gozar en comunión con él la alegría y la paz que sólo él puede dar. Lo aman con el corazón, la mente, el alma y las fuerzas, pues comprenden que son su herencia adquirida con sangre. Su visión espiritual no está distorsionada por los procedimientos y los propósitos mundanos. Son uno con Cristo así como él es uno con el Padre.
¿No creen acaso que Cristo valora a los que viven plenamente para él? ¿No creen que visita a los que como el amado Juan se encuentran en dificultades por su causa? El acude junto a sus fieles, y tiene comunión con ellos para animarlos y fortalecerlos.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA
Elena G. de White

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