14 de Octubre | Una religión radiante | Elena G. de White | Alegres por haber abandonado la idolatría

«Sacó entonces Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el Testimonio, y ungiéndolo lo hicieron rey. Luego batieron palmas y gritaron: «¡Viva el rey!”». «Todo el pueblo de la tierra se regocijó. Y como Atalía había muerto a espada junto a la casa del rey, la ciudad permaneció tranquila». 2 Reyes 11: 12, 20

«Los levitas y todo Judá» (2 Crón. 23: 8), se unieron con Joiada el sumo sacerdote para coronar y ungir al niño Joas, y «y lo proclamaron nuevo rey aplaudiendo y gritando: “¡Viva el rey!”» (2 Rey. 11: 12, PDT).
«Cuando Atalía oyó el estruendo dé la gente que corría y de los que aclamaban al rey, vino a la casa de Jehová» (2 Crón. 23: 12). «Miró y vio al rey, que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, a los príncipes y los trompeteros junto al rey, y a todo el pueblo del país que se regocijaba y tocaba las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: “¡Traición, traición!”» (2 Rey. 11: 14). Joiada entonces ordenó a los oficiales de la tropa que echaran mano de Atalía y de todos sus secuaces, para conducirlos fuera del templo a un lugar donde debían ejecutarlos. […]
Inmediatamente después de la ejecución de la reina impenitente, «todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal y lo derribaron. También despedazaron completamente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán, sacerdote de Baal, delante de los altares» (2 Rey. 11: 18). Y entonces empezó una gran reforma.
Los que participaron en la aclamación de Joas como rey, habían hecho un pacto solemne de que «serían el pueblo de Jehová». Y una vez eliminada del reino de Judá la mala influencia de la hija de Jezabel, y una vez muertos los sacerdotes de Baal y su templo destruido, «se regocijó todo el pueblo del país; y la ciudad estuvo tranquila» (2 Crón. 23: 16, 21).— Profetas y reyes, cap. 16, pp. 142-143.

Mi reflexión personal
_______________
_______________

DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

COMPARTIR
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*