14 de octubre | Devocional: Alza tus ojos | La justicia ocupará el trono

Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Mateo 25:41.

Es posible que los hombres rindan al Salvador un homenaje externo, que sean cristianos profesos, que posean una forma de piedad, mientras que el corazón, cuya fidelidad El estima por encima de todo, esté separado de El. Los tales tienen nombre de vivos pero están muertos…

A la cena de bodas del Cordero llegarán muchos que no poseen el traje de bodas; el manto comprado [por Cristo] para ellos con su sangre. De labios que nunca cometieron error brotaron las palabras: “Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?”. Mateo 22:12. Aquéllos a quienes se les dirigen estas palabras, enmudecen. Saben que hablar será en vano. La verdad, con su poder santificador, no ha sido introducida en el alma, y la lengua que una vez habló valientemente permanece ahora en silencio. Entonces se pronuncian las palabras: “Quitadlos de mi presencia. No son dignos de gustar mi cena”. Véase Lucas 14:24.

A medida que son apartados de los fieles, Cristo los considera con profunda tristeza. Ocuparon puestos elevados y de confianza en la obra del Señor, pero no tienen la póliza del seguro de vida que los hubiera habilitado para la vida eterna. De los labios temblorosos de Cristo salen las penosas palabras: “Yo los amé; di mi vida por ellos; pero ellos insistieron en rechazar mis súplicas, y continuaron en el pecado. ¡Oh, si tú hubieses conocido, aun en este tu día, las cosas que pertenecen a tu paz! Pero ahora están ocultas de tus ojos”.

Hoy Cristo considera con tristeza a aquéllos cuyas características debe al fin negarse a reconocer. Ensoberbecidos con autosuficiencia piensan que todo va bien con sus almas. Pero en el último gran día, el espejo de la investigación les revela la iniquidad que sus corazones han practicado y, al mismo tiempo, les muestra la imposibilidad de reforma. Se realizó todo esfuerzo para guiarlos al arrepentimiento. Pero rehusaron humillar sus corazones. Ahora se escucha el amargo lamento: “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos”. Jeremías 8:20…

¡Qué escena! Repaso el tema una y otra vez, agobiada por una agonía que ninguna lengua puede expresar, en tanto veo el fin de muchos, muchos que se han negado a recibir a su Salvador. La justicia ocupará el trono, y el brazo fuerte para salvar se mostrará asimismo fuerte para castigar y destruir a los enemigos del reino de Dios. Cristo pondrá al descubierto los motivos y hechos de cada uno. Toda acción oculta resaltará tan claramente delante del Hacedor como si fuese proclamada ante el universo.—Manuscrito 121, del 14 de octubre de 1903, “Una advertencia solemne”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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