14 de noviembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Jesús en el corazón hace fragante la vida

Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Salmos 5:3.

Lector cristiano, el gran propósito que constreñía a Pablo a avanzar ante las penalidades y dificultades debe inducir a cada obrero cristiano a consagrarse enteramente al servicio de Dios. Cualquier cosa que le venga a sus manos para
hacer, hágala con todas sus fuerzas. Que su oración diaria sea: “Señor, ayúdame a hacer lo mejor posible. Enséñame a cómo trabajar mejor. Ayúdame a introducir en mi servicio el amante ministerio del Salvador”.
La responsabilidad de cada agente humano se mide por los dones que le fueron confiados. Todos deben ser obreros, pero sobre el obrero que ha tenido las mayores oportunidades, la mente más clara para entender las Escrituras, descansa una mayor responsabilidad. Los que las reciban deberían sentirse responsables ante Dios, y usar sus talentos para la gloria de Dios.
El éxito en la obra de Dios no es el resultado de la casualidad, del accidente o del destino; es la operación de la providencia de Dios, la recompensa de la fe y la discreción, de la virtud y el esfuerzo perseverante. Es la práctica de la verdad lo que da éxito y poder moral. Los rayos brillantes del Sol de justicia deben ser bienvenidos como la luz de la mente; los principios del carácter de Cristo deben ser hechos los principios del carácter humano…
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Este es el amor que es el cumplimiento de la ley. Cada persona cuyo
corazón está lleno con compasión por la humanidad caída, cuyo amor es real, no mero sentimentalismo, revelará ese amor por medio de la realización de obras semejantes a las de Cristo. El verdadero cristianismo difunde el amor en el ser entero. Alcanza cada parte vital: el intelecto, el corazón, las manos ayudadoras, los pies, capacitándonos para mantenernos firmemente donde Dios requiere que estemos, no sea que el cojo se salga del camino. La contemplación de Aquel que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, hará la vida fragante y dará poder para perfeccionar una experiencia cristiana.
Podemos, podemos revelar la semejanza de nuestro divino Señor. Podemos conocer la ciencia de la vida espiritual. Podemos glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestro espíritu, los cuales son de él. Cristo nos ha mostrado lo que podemos lograr mediante la cooperación con él. “Permaneced en mí”, nos dice, “y yo en vosotros”. Juan 15:4.—The Review and Herald, 4 de abril de 1912.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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