14 de noviembre | Devocional: Alza tus ojos | Huellas perfectas

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas. 1 Pedro 2:21.

Existe el peligro de que perdamos mucho en nuestra experiencia espiritual porque pasamos por alto las palabras que Dios nos dirige. El habla a un corazón, y a otro, y ellos oyen estas palabras y luego las consideran como cosas comunes, y no impresionan la mente. Dios quiere que las palabras hallen cabida en cada corazón.

“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron”. Hebreos 2:2, 3. Aquí se nos presenta la importancia de nuestras palabras. Dios quiere que nos comuniquemos. Tengamos llena la tesorería del corazón, llena de las preciosas palabras de las Escrituras. Compartámoslas; es el precioso mensaje de Dios para otros…

Muchos hablan y actúan como si estuvieran avergonzados de Cristo. No piensan en El, y no se lo presentan a sus amigos. No viven para glorificarlo; se avergüenzan de Jesús, ¡que tomó la humanidad para que ellos tuvieran vida!…

Usted no puede hacer la obra de otro. Cada uno tiene su temperamento peculiar… No debemos esperar que todos caminen en nuestras pisadas, sino en las pisadas de nuestro abnegado Redentor. Tomemos su cruz y sigámoslo. El es nuestro Guía. Son huellas perfectas; El las dejó. Estamos seguros al seguir a Cristo. Pero cuando tratamos de que todos sigan a algún otro es cuando cometemos un error, es allí donde aparecen nuestras diferencias; pero nunca deberíamos tener diferencias. Debemos creer que los demás son tan honestos frente a Dios como nosotros.

“Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos”. Hebreos 2:10. Debía comprender todo lo concerniente a la debilidad del hombre, y a la fuerza de las tentaciones de Satanás. Tomó la humanidad sobre sí, y sobrellevó todas las tentaciones del demonio. Por eso sabe lo que cada hombre tiene que soportar. Considere la compasión de Cristo por el hombre. Sabe exactamente cómo nacieron. Conoce las circunstancias que rodearon su niñez. Usted no conoce qué tentaciones vinieron juntamente con el nacimiento de ellos. No conoce la condición de sus padres. No juzgue. El juicio corresponde al Hijo de Dios. El es el que juzgará al mundo.—Manuscrito 174, del 14 de noviembre de 1901, “Lección matutina de Hebreos dos”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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