14 de mayo | Devocional: Alza tus ojos | Un sendero seguro

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? Juan 14:9.

El mundo debe ser advertido y se debiera hacer ahora todo esfuerzo posible por exaltar la verdad… El gran Maestro sostiene en su mano el mapa completo de la verdad. En lenguaje sencillo hizo claro a sus discípulos el camino al cielo, y los temas inagotables del poder divino. Mantuvo una sabia reserva en cuanto al tema de la naturaleza de Dios, porque los enredos y especificaciones [de ellos] introducirían una ciencia en la que no podrían ocuparse las mentes no santificadas sin entrar en confusión. Acerca de Dios y de su personalidad, el Señor Jesús dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Juan 14:9. Cristo era la misma imagen de la persona del Padre.

El sendero abierto, el sendero seguro para transitar en el camino de sus mandamientos, es una senda de la cual no podemos apartamos sin correr riesgos. Y cuando los hombres siguen sus propias teorías humanas adornadas de representaciones agradables y fascinantes, hacen con ello una trampa en la cual capturan almas. En lugar de dedicar sus facultades a teorizar, Cristo les ha dado una obra para realizar. Su comisión es, id por todo el mundo y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Antes que los discípulos pasen el umbral, debe imprimirse el sagrado nombre, bautizando a los creyentes en el nombre de los tres poderes del mundo celestial. La mente humana se impresiona con esta ceremonia, que es el comienzo de la vida cristiana. Significa mucho. La obra de la salvación no es un asunto pequeño, sino tan vasto que las más elevadas autoridades aprenden por la fe expresada por el instrumento humano. La eterna Deidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, está involucrada en la acción requerida para dar seguridad al instrumento humano y unir a todo el cielo para que contribuya al ejercicio de las facultades humanas, a fin de alcanzar la plenitud de los tres poderes para unirlos en la gran obra designada. Uniendo los poderes celestiales con los humanos, los hombres pueden llegar a ser, por medio de la eficacia celestial, partícipes de la naturaleza divina y obreros juntamente con Cristo.

Las capacidades del hombre pueden multiplicarse mediante la conexión de los instrumentos humanos con los divinos. Unidas con los poderes celestiales, las capacidades humanas aumentan de acuerdo con la fe que obra por el amor y purifica, santifica y ennoblece al hombre entero.—Manuscrito 45, del 14 de mayo de 1904, “Para que todos puedan ser uno”.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White



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