14 de marzo | Devocional: Dios nos cuida | Santidad de vida

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Hebreos 12:14.

No es una evidencia concluyente de que un hombre sea cristiano el que manifieste éxtasis espiritual bajo circunstancias extraordinarias. La santidad no es arrobamiento; es una entrega completa de la voluntad a Dios; es vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios; es hacer la voluntad de nuestro Padre celestial; es confiar en Dios en las pruebas y en la oscuridad tanto como en la luz; es caminar por fe y no por vista; y fiarse de Dios con confianza que no vacile, y descansar en su amor.
Nadie puede ser omnipotente, pero todos pueden limpiarse de la impiedad de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor del Señor. Dios requiere que cada alma sea pura y santa. Tenemos tendencias hereditarias hacia el mal. No necesitamos continuar con ellas a cuestas. Es una debilidad humana abrigar el egoísmo porque es un rasgo natural del carácter. Pero a menos que desechemos todo egoísmo, a menos que crucifiquemos el yo, jamás llegaremos a ser santos como Dios es santo. En la humanidad hay una tendencia a imaginar sospechas, a las que las circunstancias se encargan de dar un crecimiento acelerado. Si se le da rienda suelta a este rasgo, echa a perder el carácter y arruina el alma.
Dios requiere en todo la perfección moral. Los que han recibido luz y oportunidades como mayordomos de Dios debieran perseguir la perfección y jamás rebajar la norma de justicia a fin de acomodarla a sus tendencias heredadas y cultivadas hacia el mal. Cristo tomó sobre sí nuestra naturaleza y vivió nuestra vida para mostrarnos que es posible para nosotros ser semejantes a él… Debiéramos ser santos tal como Dios es santo; y cuando comprendemos el significado total de esta declaración, y disponemos nuestro corazón para hacer la obra de Dios, para ser santos como él es santo, nos acercaremos a la norma establecida para cada individuo en Cristo Jesús.

*Año bíblico: Jueces 1-3.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA
Elena G. de White

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