14 de febrero | Devocional: Maranata: El Señor viene | ¿Gigantes o enanos espirituales?

Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Corintios 7:1.

El Señor reprende y corrige a los que profesan observar su ley. Señala sus pecados y presenta su iniquidad, porque desea separar de ellos todo pecado y perversidad, a fin de que perfeccionen la santidad en su temor, y estén preparados para morir en el Señor, o ser trasladados al cielo. Dios los reprende y corrige, a fin de que sean refinados, santificados, elevados, y finalmente exaltados a su propio trono.—Joyas de los Testimonios 1:261.

Dios no aceptará otra cosa que no sea la pureza y la santidad; una mancha, una arruga, un defecto en el carácter, los excluirá por siempre del cielo, con todas sus glorias y tesoros.—Testimonies for the Church 2:403.

La mayoría de los que profesan ser cristianos no tienen idea de la fuerza espiritual que podrían tener si fuesen tan ambiciosos, celosos y perseverantes para alcanzar el conocimiento de las cosas divinas como lo son para obtener las miserables y perecederas cosas de esta vida. Las masas que profesan ser cristianas se satisfacen con su condición de enanos espirituales. No están dispuestas a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia; de ahí que la piedad sea para ellas un misterio oculto e incomprensible. No conocen a Cristo por experiencia.—Joyas de los Testimonios 1:242.

Se han hecho amplias provisiones para todos los que sincera, seria, y reflexivamente se empeñan en la obra de perfeccionar la santidad en el temor de Dios. Fortaleza, gracia y gloria han sido provistas a través de Cristo, para que los ángeles ministradores las lleven a los herederos de salvación. Nadie es tan bajo, tan corrupto y vil que no pueda encontrar en Jesús, quien murió por él, fortaleza, pureza y justicia, si consiente en apartarse de sus pecados, cesar en su proceder inicuo, y volverse con un corazón sincero al Dios vivo. Él está esperando para quitarles sus vestiduras manchadas y contaminadas por el pecado, y ponerles las blancas y brillantes vestiduras de justicia; y les manda que vivan y no mueran. En él pueden florecer. Sus ramas no se marchitarán ni quedarán sin fruto. Si moran en él, pueden extraer savia y nutrimento de él, ser imbuidos de su Espíritu, andar como él anduvo, vencer como él venció, y ser exaltados a su propia mano derecha.—Testimonies for the Church 2:403.

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DEVOCIONAL

MARANATA: EL SEÑOR VIENE

Elena G. de White

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