14 de enero | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Requisitos para entrar

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Juan 3:3.

En la entrevista con Nicodemo, Jesús reveló el plan de salvación y su misión en el mundo.—El Deseado de Todas las Gentes, 148.

Fue directamente al tema que le preocupaba, diciendo solemne aunque bondadosamente: “En verdad, en verdad te digo: A menos que el hombre naciere de lo alto, no puede ver el reino de Dios… Levantando la mano con solemne y tranquila dignidad, hizo penetrar la verdad con aún mayor seguridad: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”…

Por naturaleza, el corazón es malo… La fuente del corazón debe ser purificada antes que los raudales puedan ser puros. El que está tratando de alcanzar el cielo por sus propias obras observando la ley, está intentando lo imposible. No hay seguridad para el que tenga sólo una religión legal, sólo una forma de la piedad. La vida del cristiano no es una modificación o mejora de la antigua, sino una transformación de la naturaleza. Se produce una muerte al yo y al pecado, y una vida enteramente nueva. Este cambio puede ser efectuado únicamente por la obra eficaz del Espíritu Santo… Es tan inexplicable como los movimientos del viento…

Aunque el viento mismo es invisible, produce efectos que se ven y se sienten. Así también la obra del Espíritu en el alma se revelará en toda acción de quien haya sentido su poder salvador. Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas; el amor, la humildad y la paz, reemplazan a la ira, la envidia y las contenciones. La alegría reemplaza a la tristeza, y el rostro refleja la luz del cielo… La bendición viene cuando por la fe el alma se entrega a Dios. Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios…

Fuera de Cristo, “no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Hechos 4:12.—Ibid. 141-147.

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DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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