14 de diciembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | El pueblo de Dios, piedras pulidas en su templo espiritual

Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Isaías 30:18.

El evangelio es para todos, y unirá a la iglesia a hombres y a mujeres que son diferentes en preparación, en carácter y en disposición. Entre ellos habrá algunos que son naturalmente negligentes, que creen que la autoridad es orgullo y que no es tan necesario ser exigentes. Dios no descenderá hasta sus bajas normas. Les ha dado un tiempo de prueba y las direcciones necesarias en su Palabra, y requiere que sean transformados, que perfeccionen caracteres santos. Cada uno que se convierta del pecado a la justicia, del error a la verdad, ejemplificará en palabras y actos el poder santificador de la verdad.
El pueblo de Dios tiene una vocación elevada y santa. Es el representante de Cristo. Pablo se dirige a la iglesia de Corinto como a los que son “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”. 1 Corintios 1:2… Dice Pedro: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.
Estos pasajes están calculados para impresionar la mente con el carácter sagrado y exaltado de la obra de Dios, y con la elevada y santa posición que debe ocupar su pueblo. ¿Podrían decirse estas cosas de los que no buscan ser refinados por medio de la verdad?
El templo judío fue construído con piedras labradas sacadas de las montañas.
Cada una había sido preparada para que encajara en su lugar en el templo; cortada, lustrada y probada antes de traerla a Jerusalén. Y cuando llegaba al terreno, el edificio crecía armoniosamente sin el sonido del hacha o el martillo.
Este edificio representa el templo espiritual de Dios, que se compone de material recogido entre todas las naciones, lenguas y pueblos, y de todo nivel: alto y bajo, rico y pobre, culto e indocto. No hay elementos inútiles que modelar
con martillo y cincel. Son piedras vivas, extraídas de la cantera del mundo por la verdad; y el gran Arquitecto, el Señor del templo, está ahora labrándolas y preparándolas para que ocupen sus respectivos lugares en el templo espiritual.
Cuando esté terminado, será perfecto en todas sus partes, el objeto de admiración de los ángeles, los hombres y las mujeres, puesto que su constructor y hacedor es Dios. Verdaderamente, los que han de componer su glorioso edificio son “llamados a ser santos”.—The Review and Herald, 6 de mayo de 1884. Ver Alza tus Ojos, 279. [356]

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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