14 de agosto | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | La bendición de la actividad física

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Génesis 2:15.

“A los moradores del Edén se les encomendó el cuidado del huerto, para que lo labraran y lo guardasen…. Dios dio el trabajo como una bendición con que el hombre ocupara su mente, fortaleciera su cuerpo y desarrollara sus facultades. En la actividad mental y física, Adán encontró uno de los placeres más elevados de su santa existencia.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 31.

“Los de hábitos sedentarios deberían siempre que el tiempo lo permitiera, hacer ejercicio cada día al aire libre, en verano como en invierno. La marcha a pie es preferible al montar a caballo o pasear en coche, pues pone en ejercicio mayor número de músculos. Los pulmones entran así en acción saludable, puesto que es imposible andar aprisa sin que éstos se ensanchen.”—El Ministerio de Curación, 226, 227.

“Hondas y completas inspiraciones de aire puro que llene los pulmones de oxígeno, purifican la sangre. Le comunican brillante coloración, y la arrojan, como corriente de vida, por todas partes del cuerpo. La buena respiración calma los nervios, estimula el apetito, hace más perfecta la digestión, y produce sueño sano y refrescante.”—Ibid. 253.

“Jesús era obrero fiel y constante. Nunca vivió en el mundo otro tan cargado de responsabilidades…. No obstante, era la suya una vida de salud…. En cuerpo como en alma fue un ejemplo de lo que Dios se había propuesto que fuera toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes.”—Ibid. 44.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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