13 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | ¿Qué clase de herencia?

Entonces Manoa dijo: Cúmplase pues tu palabra. ¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer? Jueces 13:12.

“Los hábitos de la madre influirán en el niño para bien o para mal. Ella misma debe regirse por buenos principios y practicar la temperancia y la abnegación, si procura el bienestar de su hijo…. Tanto los padres como las madres están comprendidos en esta responsabilidad. Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos…. La pregunta de todo padre y madre debe ser: ‘¿Cómo obraremos con el niño que nos ha de nacer?’ Muchos han considerado livianamente el efecto de las influencias prenatales; pero las instrucciones enviadas por el Cielo a aquellos padres hebreos… nos indican cómo mira nuestro Creador el asunto.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 604, 605.
“La madre si ha de ser una maestra idónea para sus hijos, debe antes del nacimiento de éstos, formar hábitos de abnegación y dominio propio; porque ella les transmite sus propias cualidades, sus propios malos o buenos rasgos de carácter. El enemigo de las almas entiende mejor este asunto que muchos padres. Presentará tentaciones a la madre sabiendo que si ella no lo resiste, el niño será afectado por esto. La única esperanza de la madre está en Dios. Debe buscar en él gracia y fortaleza. No buscará en vano esta ayuda; Dios la capacitará para transmitir a sus descendientes cualidades que les ayudarán a tener éxito en esta vida y a ganar la vida eterna.”—Counsels on Diet and Foods, 219.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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