13 de octubre | Devocional: Alza tus ojos | Nadie puede ir al cielo solo

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Juan 10:16.

Estimada hermana María: Mientras estuve escribiendo lo que me ha sido mostrado en Roosevelt [Nueva York], con respecto a casos individuales, se me mostró el suyo, y trataré de escribirle según me fue presentado. Vi que Ud. no está en la luz y favor de Dios, sino que está demasiado mezclada con el mundo; que su amor por sus hermanos y hermanas observadores del sábado… se está enfriando…

Su influencia últimamente no ha estado en unión con el Espíritu y la obra de Dios, y Ud. no está avanzando sino retrocediendo. Las opiniones de los incrédulos ejercen una poderosa influencia sobre su mente. El Señor está educando a su pueblo y probándolo. Seremos probados en todas las maneras hasta que se nos quite toda la escoria y no quede otra cosa que el oro puro. Hay una obra que Ud. debe cumplir. Debe poseer profunda humildad de alma y luchar contra el yo y la voluntad inflexible, o sin duda será atrapada por el enemigo.

Algunos de los que aman oír y decir cosas nuevas la han afligido y herido, y Ud. ha censurado mentalmente a quienes no lo merecen y ha sospechado de aquellos en quienes podía confiar con toda seguridad. Cuando asuma la posición que debe, entonces su corazón estará estrechamente entrelazado con sus hermanos y hermanas, y sus corazones con el suyo, pero se ha estado separando de ellos y la razón está en Ud. misma. No está dispuesta a ser guiada y enseñada. Tinieblas y sombras se están acumulando sobre Ud. Satanás desea zarandearla como a trigo, está velando ansiosamente para regocijarse con su caída.

Dios llama a su iglesia a separarse del mundo en cuanto a la vestimenta más de lo que Ud. piensa. Está constantemente instruyendo a su pueblo para que huya del orgullo, del amor al yo, pero Ud. está obrando exactamente en oposición al Espíritu de Dios en este asunto, de allí que ande en la oscuridad y colocándose en el campo del enemigo.

Vi que Dios la ama. El Buen Pastor ha cuidado de Ud. tiernamente y la ha protegido en medio de las aflicciones y sufrimientos; no obstante debe rendir su voluntad y juicio, y estar dispuesta a ser enseñada. Nadie, ni siquiera uno, puede ir al cielo solo. El Altísimo posee un pueblo a quien está guiando y preparando. Deben estar sujetos unos a otros. Si alguno intenta ir al cielo solo, independientemente, descubrirá que ha escogido el sendero equivocado que no lo conducirá a la vida.

Querida María, la aprecio mucho. He tratado de escribir esto según me fue presentado. Mi oración es que pueda Ud. verlo como realmente es y que realice una obra segura y completa para la eternidad. De su hermana, [firmado] Elena G. de White.—Carta 19, del 13 de octubre de 1861, a una joven cristiana.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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