13 de noviembre | Devocional: Conflicto y Valor | Caifás

Mateo 26:57-65.

Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos y convertíos a Jehová vuestro Dios. Joel 2:13.

En ninguna circunstancia… había de desgarrar el sacerdote sus ropas, como era, entre los judíos, costumbre hacerlo en ocasión de la muerte de amigos y deudos. Los sacerdotes no debían observar esta costumbre… Todo lo que llevaba el sacerdote había de ser entero y sin defecto. Estas hermosas vestiduras oficiales representaban el carácter del gran prototipo, Jesucristo. Nada que no fuese perfecto, en la vestidura y la actitud, en las palabras y el espíritu, podía ser aceptable para Dios. Él es santo, y su gloria y perfección deben ser representadas por el culto terrenal… El hombre finito podía rasgar su propio corazón mostrando un espíritu contrito y humilde. Dios lo discernía. Pero ninguna desgarradura debía ser hecha en los mantos sacerdotales, porque esto mancillaría la representación de las cosas celestiales.—El Deseado de Todas las Gentes, 655, 656.

Cuando Cristo se declaró Hijo de Dios, Caifás, con fingido horror, rasgó su manto, y acusó al Santo de Israel de blasfemia.—The S.D.A. Bible Commentary 5:1104.

Había hecho exactamente lo contrario de lo que el Señor había ordenado. Estando él mismo bajo la condenación de Dios, condenó a Cristo como blasfemo… El manto sacerdotal que rasgó a fin de impresionar al pueblo con su horror ante el pecado de blasfemia, cubría un corazón lleno de maldad.—Ibid. 1105.

Cuán diferente era el verdadero Sumo Sacerdote del falso y corrompido Cai- fás. De pie ante el falso sumo sacerdote, Cristo estaba puro y sin contaminación, sin una mancha de pecado. Cristo lloró por la transgresión de cada ser humano. Llevó aun la culpa de Caifás, conociendo la hipocresía que había en su alma mientras pretendía desgarrar su manto. Cristo no desgarró el suyo, pero su alma estaba rasgada. Su ropaje de carne humana estaba rasgado cuando colgaba de la cruz como portador del pecado por la raza humana.—Ibid.

En la actualidad muchos que pretenden ser cristianos están en peligro de rasgar sus vestiduras, haciendo una demostración exterior de arrepentimiento, mientras sus corazones no están enternecidos ni subyugados. Por esto tantos continúan fracasando en la vida cristiana.—Ibid. 1104, 1105.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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