13 de noviembre | Devocional: Alza tus ojos | ¿Cómo hubiera contestado?

Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. 2 Reyes 2:15.

Los siervos de Dios deben trabajar por las clases más altas, pero esto no significa que deben atarse con los grandes de la tierra, dependiendo de ellos para obtener fortaleza, influencia y éxito. El Señor muchas veces inclinará los corazones de los que están en posiciones de responsabilidad para otorgar favores al pueblo que guarda los mandamientos de Dios. Pero cuando los siervos de Dios lo abandonan para buscar el reconocimiento de los hombres de la tierra, cambian el poder por la debilidad.

Tenemos una obra muy solemne delante de nosotros, cuya importancia sólo podemos entender por medio de la luz que brilla desde la Palabra de Dios sobre el pasado y el presente. ¿Quién, en medio de los gritos: “Miren, aquí está” y “Miren, allá”, está mostrando una confianza inconmovible en la Palabra de Dios? La fe del presente nos conecta con el pasado y nos señala el futuro.

Podemos aprender lecciones valiosas de la vida del profeta Eliseo. Eliseo fue elegido por el Señor como ayudante de Elías y, por medio de pruebas, demostró que era fiel y digno de confianza. Estaba dispuesto a ser y a hacer todo lo que el Señor indicara. No rehuyó el servicio más humilde, sino que fue fiel tanto en las tareas pequeñas como en las responsabilidades mayores. Estaba siempre dispuesto a servir en cualquier lugar que el Señor le señalara, aunque fuera desagradable a sus inclinaciones naturales. Y a cada paso aprendía lecciones de humildad y servicio…

“Cuando habían pasado, Elías dijo a Fliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí”. 2 Reyes 2:9. No pidió honores del mundo, ni un lugar elevado entre los grandes de la tierra. Lo que ansiaba era una doble porción del espíritu dado a aquel a quien Dios estaba por honrar trasladándolo al cielo. Sabía que solamente una doble porción del espíritu que había estado sobre Elías lo prepararía para ocupar el lugar que éste dejaba, porque Elías tenía la experiencia y la sabiduría de los años, que no puede ser impartida a los jóvenes por medio de ningún método.

Si se le hubiera hecho a usted esa pregunta, ¿qué habría contestado? ¿Cuál es el mayor deseo de su corazón al entregarse al servicio de Dios?—Manuscrito 114, del 13 de noviembre de 1901, “Lecciones de la experiencia de Eliseo”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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