13 de julio | Devocional: La fe por la cual vivo | La sangre aplicada continuamente

Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de la becerra, rociada a los inmundos, santifica para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo? Hebreos 9:13,14.

“Se conducía fuera del campamento a la vaquillona destinada al sacrificio, y se la mataba en medio de una imponente ceremonia. Así sufrió Cristo fuera de las puertas de Jerusalén, porque el Calvario estaba fuera de las murallas de la ciudad. Esto era para demostrar que Cristo no moría sólo por los hebreos, sino por toda la humanidad. Proclama a un mundo caído que ha venido para ser su Redentor, y le insta a aceptar la salvación que le ofrece. Una vez degollada la vaquillona en el transcurso de una ceremonia solemnísima, el sacerdote, ataviado con limpias vestiduras blancas recogía en sus manos la sangre mientras fluía del cuerpo de la víctima y la arrojaba siete veces hacia el templo….

“El cuerpo de la vaquillona se reducía a cenizas, lo cual significaba un sacrificio completo y amplio. Luego, una persona que no había sido contaminada por el contacto con los muertos recogía las cenizas, y las colocaba en una vasija que contenía agua de un arroyo…

“Así también Cristo, con su propia justicia inmaculada, después de derramar su preciosa sangre entra en el lugar santo a purificar el santuario. Y allí la corriente carmesí inicia el servicio de reconciliación entre Dios y el hombre.”—Joyas de los Testimonios 1:577, 578.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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