13 de enero | Devocional: La fe por la cual vivo | Nacidos de la palabra

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. 1 Pedro 1:23.

“En la Biblia se llama nacimiento al cambio de corazón por el cual somos hechos hijos de Dios. También se lo compara con la germinación de la buena semilla sembrada por el labrador…. Del mundo natural se sacan así ilustraciones para ayudarnos a entender mejor las verdades misteriosas de la vida espiritual.

“Toda la sabiduría e inteligencia de los hombres no pueden dar vida al objeto más pequeño de la naturaleza. Solamente por la vida que Dios mismo les ha dado pueden vivir las plantas y los animales. Asimismo es solamente mediante la vida de Dios como se engendra la vida espiritual en el corazón de los hombres.”—El Camino a Cristo, 49.

“Cuando la verdad llega a ser un principio permanente en nuestra vida, el alma renace, ‘no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.’ Este nuevo nacimiento es el resultado de haber recibido a Cristo como la Palabra de Dios. Cuando las verdades divinas son impresas sobre el corazón por el Espíritu Santo, se despiertan nuevos sentimientos, y las energías hasta entonces latentes son despertadas para cooperar con Dios.”—Los Hechos de los Apóstoles, 373.

“La Palabra destruye la naturaleza terrenal y natural e imparte nueva vida en Cristo Jesús…. Por el factor transformador de su gracia, la imagen de Dios se reproduce en el discípulo; viene a ser una nueva criatura. El amor reemplaza al odio y el corazón recibe [22] la semejanza divina.”—El Deseado de Todas las Gentes,

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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