13 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Nuestro protector

«Cuando vengan los días malos, él me esconderá en su santuario; me ocultará en lo más recóndito de su templo, me pondrá en lo alto de una roca». Salmo 27: 5, RVC

HAY UNA GRAN ALEGRÍA Y CONSUELO para los cristianos fieles y sinceros, cosa que el mundo no puede entender. Para los incrédulos es un misterio. La esperanza del cristiano está repleta de inmortalidad y llena de gloria. «Tenemos esa esperanza tan fuerte y segura como un ancla que sostiene el alma. Nuestra esperanza llega más allá de la cortina del Lugar Santísimo del cielo» (Heb. 6: 19, PDT). Cuando la tormenta de la ira de Dios caiga sobre los impíos, su esperanza no dejará de hacerse realidad, porque estarán protegidos en lo más profundo de su tabernáculo.— The Youth’s Instructor, mayo de 1854-
Tiempos difíciles están delante de nosotros; los juicios de Dios están cayendo sobre nuestro mundo. Las naciones de la tierra temblarán, habrá catástrofes y angustia por todos lados, los corazones de la gente desfallecerán de temor.
¿Y qué haremos nosotros en aquel día? A pesar de que la tierra «se tambaleará como un borracho, temblará como una débil choza» (Isa. 24: 20, DHH), si hemos puesto nuestra confianza en Dios, él nos protegerá.

«El que habita al abrigo del Altísimo
y se acoge a la sombra del Omnipotente,
dice al Señor: “Tú eres mi esperanza, mi Dios,
¡el castillo en el que pongo mi confianza! ”.
[…] ¡Su verdad es un escudo protector!
No tendrás temor de los terrores nocturnos, […]
no temerás a la peste que ronda en la oscuridad,
ni a la mortandad que destruye a pleno sol. […]
Por haber puesto al Señor por tu esperanza,
por poner al Altísimo como tu protector,
no te sobreveridrá ningún mal,
ni plaga alguna tocará tu casa.
El Señor mandará sus ángeles a ti,
para que te cuiden en todos tus caminos.
Eüos te llevarán en sus brazos,
y no tropezarán tus pies con ninguna piedra».

(Sal. 91: 1-12, RVC).— Review and Herald, 15 de marzo de 1887.

Cristo ve la terminación del conflicto. La batalla se riñe cada vez más encarnizadamente. El Señor pronto vendrá con su justicia, y tomará plena posesión de todo lo terrenal. Hay señales de la cercanía de su venida, cuando, Cristo preservará a aquellos que lo hayan seguido, considerándolo el Camino, la Verdad y la Vida.— Carta 264, 1903.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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