13 de agosto 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Canal de bendición

 “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Corintios 12:15).

La esposa de Fernando Stahl, Ana, fue una enfermera dedicada, una profesora siempre lista para enseñar y una predicadora preparada para compartir esperanza. Ella acompañó el ministerio de su marido y ganó la confianza y la admiración de muchos por su trabajo en la obra médico-misionera. Con su familia, dejó profundas huellas en la vida de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en América

Ella dedicó su vida a aliviar el sufrimiento de ricos y pobres. Enseñó las disciplinas de la escuela primaria, así como los principios de la salud y los ingredientes básicos de la experiencia religiosa. Educó a muchos niños y consideró a muchos de ellos como sus propios hijos.

Fue también la madre que inspiró a los hijos para que sean misioneros. Ana estuvo treinta años en el Perú y en Bolivia. Viajó en barco, en tren, en camión, a muía y a pie. Enfermó varias veces con fiebre tifoidea y malaria. Su casa se incendió; en una ocasión, durmió en la nieve; y fue expuesta a la muerte más de una vez; pero nada ni nadie la desvió del objetivo principal de su vida: amar y servir.

Ana ayudó a más de mil madres a dar a luz en los Andes y en la Amazonia. En 1927, ella comenzó una pequeña maternidad en Iquitos, en el Perú, que se transformó en un hospital, inaugurado en 1961, que hoy lleva su nombre.

En 1939, su período misionero terminó. “Fue un verdadero privilegio pasar tantos años ayudando a otros. Mi vida contigo fue maravillosa”, fueron las palabras dirigidas a su marido.

La vida de Ana Stahl encaja perfectamente con el llamado divino que leemos a continuación: “Se necesitan mujeres de principios firmes y carácter decidido, mujeres que crean que realmente estamos viviendo en los últimos días y que tenemos el postrer solemne mensaje de amonestación para ser dado al mundo. Ellas debieran sentir que están ocupadas en una obra importante de difundir los rayos de luz que el cielo ha vertido sobre ellas” (El ministerio de la bondad, p. 156). Ana entendió eso en su tiempo y cumplió fielmente con su parte. Hoy, Dios continúa contando con mujeres que abracen la obra y salven al perdido.

Cuando las mujeres se levantan y entienden el momento de la historia en el que vivimos, nuestra misión avanza más rápido. Dios está llamando a Anas modernas, mujeres dispuestas a gastarse y dejarse gastar por su causa. Para quien acepta, la recompensa está garantizada.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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