12 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | El tesoro del hogar

Tu mujer será como parra que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivos alrededor de tu mesa. Salmos 128:3.

“Los niños y los jóvenes constituyen el tesoro esencial de Dios.”—The Adventist Home, 280.
“Cuando dos establecen una familia … y no hay niños que requieran el ejercicio de la paciencia, la tolerancia y el verdadero amor, se necesita una constante vigilancia para que el egoísmo no obtenga la supremacía, para que no os convirtáis en la figura central y exijáis la atención, el cuidado y el interés que no tenéis obligación de prestar a otros.”—Testimonies for the Church 2:231.
“La simpatía, la tolerancia y el amor que se requieren en el trato con los niños son una bendición para la familia. Suavizan y subyugan muchos rasgos de carácter de aquellos que necesitan ser más joviales y serenos. La presencia de un niño en el hogar endulza y refina. Un niño criado en el temor de Dios es una bendición.”— The Adventist Home, 160.
“Después del nacimiento de su primer hijo, Enoc alcanzó una experiencia más elevada, fue atraído a más íntima relación con Dios…. Cuando conoció el amor de su hijo hacia él y la sencilla confianza del niño en su protección; cuando sintió la profunda y anhelante ternura de su corazón hacia su primogénito, aprendió la preciosa lección del maravilloso amor de Dios hacia el hombre manifestado en la dádiva de su Hijo y la confianza que los hijos de Dios podían tener en el Padre celestial.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 71.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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