12 de octubre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Juan McLoughlin

Si ayudas al pobre, le prestas al Señor, ¡y él te lo pagará! Proverbios 19:17.

La experiencia del Dr. Juan McLoughlin, comisionado principal de la compañía Hudson Bay para todo el noroeste de los Estados Unidos, ¡lustra muy objetivamente la verdad de este proverbio.

Partió del este próspero en 1802. Llevaba consigo un poco de ropa y útiles que pudieran caber en la pequeña canoa. Cuando se jubiló en el Estado de Oregón, 44 años más tarde, era el hombre más rico en el Territorio de Oregón. Mandó construir una hermosa mansión de dos pisos y la equipó con los muebles y las alfombras más costosas.

Hoy, su casa es un museo. Cuando observas la vajilla y la cristalería que hay en ella, te preguntas cómo es posible que haya llegado a tener tantas cosas cuando durante toda su vida dio generosamente a los pobres. Era un ejemplo de desprendimiento. Cuando era un ciudadano importante, mientras vivía en el Fuerte Vancouver sobre el río Columbia, era bondadoso y generoso tanto con los indios como con los colonos blancos.

Uno de estos últimos, que fue objeto de su bondad, se llamaba William Beagle, quien llegó al Fuerte Vancouver en 1843, al borde de la muerte por fiebre tifoidea. El Dr. McLoughlin hospedó a la familia Beagle en su casa durante dos meses.

-Agradezco su amabilidad al habernos permitido quedar aquí -le dijo el Sr. Beagle cuando se recuperó-, ¿Cuánto le debo?

-¡Vaya! ¡Vaya! Cuídese, señor. Es todo lo que le pido -respondió el canoso doctor.

-Pero, es que nos ha alimentado y cuidado durante varias semanas -exclamó Beagle-, ¡Es demasiado!

-Entonces, haga lo que esté en su poder para ayudar a otro que se encuentre en problemas. De ese modo me pagará lo que hice por usted -respondió amablemente el doctor, y los envió en su camino de retorno con sus canoas llenas de provisiones.

Muchos de los que veían su forma de ayudar a los demás sacudían la cabeza y pensaban: “¿Qué va a ser de su familia?”

No había razón para preocuparse. Dios siempre nos devuelve lo que damos a los necesitados. Pero lo hace abundantemente, mucho más de lo que dimos, a fin de que tengamos más para seguir dando. Cuando repartimos lo que tenemos y descontamos de lo nuestro para dar a otros, Dios lo multiplica al regresarlo a nuestras manos.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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