12 de marzo | Devocional: Dios nos cuida | La verdadera confesión es indispensable

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9.

El apóstol dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Santiago 5:16. Confesad vuestros pecados a Dios, quien sólo puede perdonarlos, y vuestras faltas unos a otros. Si has dado
motivo de ofensa a tu amigo o vecino, debes reconocer tu falta, y es su deber perdonarte libremente. Debes entonces buscar el perdón de Dios, porque el hermano a quien has ofendido pertenece a Dios, y al perjudicarlo has pecado contra su Creador y Redentor.
La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y declara pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que solamente puedan presentarse delante de Dios. Pueden ser errores que deban confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; pueden ser de un carácter público, y en ese caso deberán confesarse públicamente. Toda confesión debe ser definida y al punto, reconociendo los mismos pecados de que seáis culpables. Muchísimas confesiones no debieran ser pronunciadas jamás ante oídos mortales; porque los resultados son tales que ningún juicio limitado y finito de los seres humanos puede anticipar… Dios será glorificado mejor si confesamos la corrupción secreta e innata del corazón a Cristo solamente, en vez de abrir sus cámaras secretas ante el hombre finito y errante, que no puede juzgar justamente a menos que su corazón esté continuamente imbuido con el Espíritu de Dios…
No confiéis a oídos humanos aquello que sólo Dios debiera oír. La confesión que brota de lo íntimo del alma sube al Dios de piedad infinita. Tus pecados podrán parecer montañas delante de ti; pero si humillas tu corazón y confiesas tus pecados, confiando en los méritos de un Salvador crucificado y resucitado, él te perdonará y te limpiará de toda injusticia… Desead la plenitud de la gracia de Cristo. Permitid que vuestro corazón se llene con un anhelo intenso por su justicia.

*Año bíblico: Josué 18-21.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA
Elena G. de White

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