12 de julio | Devocional: La fe por la cual vivo | El sacrificio voluntario de Jesús

Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro está escrito de mí: El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mis entrañas. Salmos 40:7,8.

“A los hijos de Israel se les ordenó antiguamente que hiciesen una ofrenda para toda la congregación, a fin de purificarla de la contaminación ceremonial. Este sacrificio era una vaquillona roja que representaba la ofrenda más perfecta que debía redimirlos de la contaminación del pecado. Era un sacrificio que se ofrecía circunstancialmente para purificar a todos los que habían llegado, por necesidad o accidentalmente, a tocar muertos. A todos los que habían tenido algo que ver con la muerte se los consideraba ceremonialmente inmundos. Esto tenía como propósito inculcar entre los hebreos el hecho de que la muerte es consecuencia del pecado, y por lo tanto representa al mismo. La vaquillona, el arca y la serpiente de bronce: cada una de estas cosas señalaba en forma impresionante a la única gran ofrenda: el sacrificio de Cristo.

“Esta vaquillona debía ser roja, símbolo de la sangre. Debía ser sin mancha ni mácula, y no debía haber llevado nunca el yugo. En esto también prefiguraba a Cristo. El Hijo de Dios vino voluntariamente a realizar la obra de la expiación. No pesó sobre él ningún yugo obligatorio; porque era independiente y superior a toda ley….

“Jesús podría haber permanecido a la diestra de su Padre … pero prefirió cambiar todas las riquezas, honores y glorias del cielo por la pobreza de la humanidad; y su alto puesto, por los horrores del Getsemaní y la humillación y agonía del Calvario.”—Joyas de los Testimonios 1:576.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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