12 de enero | Devocional: La fe por la cual vivo | El secreto del poder

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Salmos 119:9.

“Una cosa es tratar la Biblia como un libro de instrucción moral y buena y prestarle atención mientras esté de acuerdo con el espíritu de la época y nuestra posición en el mundo, pero otra cosa es considerarla como en realidad es: la palabra del Dios viviente, la palabra que es nuestra vida, la palabra que ha de amoldar nuestras acciones, palabras y pensamientos. Considerar la Palabra de Dios como algo menos que esto, es rechazarla.”—La Educación, 253.

“La Palabra de Dios es un indicador del carácter, un probador de los motivos. Hemos de leer esta Palabra con la mente y el corazón abiertos para recibir las impresiones divinas. No debemos pensar que la lectura de la Palabra puede realizar aquello que únicamente puede realizar el que revela la Palabra y la ha originado. Algunos están en peligro de llegar precipitadamente a la conclusión de que, porque ellos creen firmemente en las doctrinas de la verdad, están realmente en posesión de las bendiciones que esas doctrinas declaran que caerán sobre el que acepta la verdad. Muchos mantienen la verdad en el atrio exterior. Sus principios sagrados no ejercen una influencia dominante sobre sus palabras, pensamientos y acciones.”—The Review and Herald, 1 de octubre de 1901.

“… La única salvaguardia para la juventud en este siglo de corrupción es poner toda su confianza en Dios. Sin la ayuda divina no podrán dominar las pasiones y apetitos humanos. En Cristo está la ayuda que necesitan.”—Testimonies for the Church 2:409.

 

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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