12 de agosto | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Orden y limpieza

Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios. 2 Corintios 7:1.

Es de la mayor importancia que los observadores del sábado vivan su fe en todo sentido. Deberían ser puntuales y ordenados, y obrar íntegramente en todos sus negocios. …
Nadie debiera tener tanto temor de parecerse al mundo que sea inducido a ser descuidado en su casa, dejando las cosas en desorden y suciedad. No es un signo de orgullo ser pulcros en el vestido, limpios en la persona, ordenados y de buen gusto en los arreglos del hogar, … y alrededor de las casas. Estas apariencias exteriores hablan del carácter diligente de aquellos que viven en la casa, y no sólo de esto sino del carácter religioso de sus ocupantes. Es imposible que sea un buen cristiano una persona descuidada y desordenada. Sus vidas en las cosas temporales y religiosas son tan desordenadas como sus vestidos, sus casas, sus personas y sus pensamientos.
Hay orden en el cielo. Hay reglas y disposiciones que gobiernan a todas las huestes celestiales. Todos se mueven en orden. Allí todo está limpio y en perfecta armonía. Y todo aquel que sea contado digno de entrar en el cielo tendrá que estar cabalmente disciplinado y sin mancha o arruga de ninguna clase. Las personas incultas ahora tienen manchas y arrugas sobre ellas. Apresúrense a comenzar la obra de limpiarse a sí mismos de toda contaminación de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor del Señor.
Dios ama la pureza, la limpieza, el orden y la santidad. Dios requiere que en su pueblo, a quienes faltan estas cualidades, las busquen y no descansen hasta que las hayan obtenido. Deben iniciar la obra de reforma y elevar sus vidas, para que en conversación y en comportamiento, en sus actos y sus vidas, sean una continua recomendación de su fe y tengan un poder de tal manera ganador y compelente sobre los incrédulos, que se vean inducidos a reconocer que son los hijos de Dios.—Manuscrito 3, 1861, pp. 13-15.
La verdad como está en Jesús, no degradará, sino que elevará a quien la recibe, purificará su vida, refinará su gusto y santificará sus juicios.—Carta 2, 1861, pp. 4.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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